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“Legado”, una antología bella, necesaria y benéfica

“Legado”, una antología bella, necesaria y benéfica

Treinta y una voces en torno a dos propósitos loables: amar y rememorar nuestro origen a través de la literatura y ayudar a nuestros mayores donando lo recaudado con las ventas del libro a una ONG. Así se presenta “Legado” (2022), una antología autopublicada –y distribuida por Amazon–, de un valor incalculable. Se trata de una antología de textos literarios –de poesía a relatos– coordinado por las jóvenes escritoras Teresa Plaza García y Ana Escudero Portal. Ambas, que ya contaban con experiencia en el terreno, a veces infravalorado, de las antologías autoeditadas (Renacer, 2021), han sido capaces de editar, corregir y armonizar un total de 31 textos extraordinariamente completos y variopintos.  





Porque no hay mayor honorabilidad para el escritor que documentar fehacientemente la experiencia particular hasta convertirla en universal; sentar las bases de la historia; documentar el legado y el honor de formar parte de él. No se presentaba sencilla la apuesta, mas cada uno de los autores noveles que han sido seleccionados intervienen con tiento y elegancia, relatan el origen y hablan, ¡y muy bien!, de las historias de nuestros padres o abuelos. Aquí, la tesis resuena y discurre siempre con fuerza: aquello que se transmite a los sucesores y, en consecuencia, viaja de generación en generación merece ser narrado, trasladado al imaginario popular y colectivo. En cada texto se sigue un mismo hilo narrativo: como premisa, una historia familiar, alguien que ha determinado nuestro presente y, en consecuencia, futuro; como desenlace inevitable, exponer su trascendencia, el legado que permanece cuando lo terrenal desaparece.

Son muchos los ejemplos que se podrían anticipar al lector, pues la riqueza literaria abunda y no escasea, se ensancha e invade cada espacio del libro; no obstante, merece especial atención, el relato escrito por Marta Inés Rodríguez, “Náufraga de un mar de trigo”. El texto condensa, con sumo rigor, toda la riqueza moral y estética que se puede encontrar en la obra. Formalmente, el estilo es exquisito; mientras que, literariamente, recuerdan sus elementos a las fórmulas delibesianas –muerte, cultura popular, infancia– tan difíciles de abordar. No debe olvidarse nunca la complejidad que entraña instrumentalizar literariamente el duelo, el pasado, las ausencias. Por eso, leed; sólo así comprenderéis la magnitud de lo expuesto: “Únicamente la vendimia, con las canciones de los mozos al volver de los majuelos y las sabrosas patatas con carne que llevaban las abuelas en grandes tarteras metálicas a la hora del almuerzo, consolaba en parte del corazón de Eloísa”.

Nada termina en el relato citado. La coordinación de cada una de las plumas es extraordinaria: claridad en los estilos; hondura en el mensaje; vuelo lírico allá donde fijes la mirada. La diversidad formal es rica y de calidad: poemas, relatos o cuentos inundan el libro, anteponiendo el mensaje a la forma, la comunidad al personalismo. Porque “Legado” no es una búsqueda ferviente de la historia individual; la obra se plantea como una oda a la universalidad del amor, de la familia y la historia que nos dota de sentido. Centenares de elementos, que gozan de la más absoluta veracidad, esbozan y adornan el relato: vendimias, cantos populares, tradiciones que, tras una reflexión comedida, merecen transmitirse, campos, como los de Castilla, cuyas fronteras admiten siempre una boca más que alimentar. 

Ya se expresó al comienzo de la reseña: rebosa en este libro la buena literatura; pero, sin lugar a dudas, el ingrediente diferencial se anuda al espíritu que desoye los cantos de sirena, la lógica de mercado y la mercantilización de las emociones. Porque ¿qué puede llevar, entonces, a decenas de autores a compartir realidad, crear y, tras ello, trasladar todo el dinero recaudado a una ONG (“Grandes Amigos”) cuyo objetivo es exclusivamente acompañar a nuestros mayores y combatir la soledad a la que muchos se enfrentan? Parece evidente: poner la literatura al servicio de la bondad, la comunidad y el cuidado desinteresado. Son los autores, pues, quienes ofrecen la verdad en forma de literatura, de la misma forma que se entrega el amor en las relaciones más bellas: querencia y vida, que no cesan cuando cesa la luz; afán de portar, fehacientemente, el alma de quienes nos precedieron. Ya escribió Ana Iris Simón, en aquel fantástico libro que es “Feria” (2021, Círculo de Tiza), que “a alguien que se expande como el universo no se le puede arrebatar el nombre”.