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“Todo tocar es una canción”: la poesía musical de Carla Carbatti

“Todo tocar es una canción”: la poesía musical de Carla Carbatti

La poeta y novelista nicaragüense Gioconda Belli ya lo dijo claramente: “mi piel está grabada con tus señales y no hay viento ni agua que pueda lavarlas sin dejar mi nombre borroso, desteñido y sin sonrisa”. La poesía de Carla Carbatti (Belo Horizonte, 1977) produce la misma sensación: son versos de tacto, de piel con piel, de letra con letra. Una sensibilidad poco común en este mundo tan veloz. Carbatti es doctora en Estudios de Literatura y vive en Galicia. En 2016 publicó el poemario “Na cadência do caos” (Editora Urutau, 2016), obra que le sirvió para entrar en la antología poética “Liberoamericanas. 140 poetas contemporáneas” (Liberoamérica, 2018), la más completa hasta el momento. 





Con el reciente “Todo tocar é uma canção - Todo tocar es una canción” (Libero Editorial, 2022) Carbatti ofrece una producción bilingüe –portugués y castellano– con las traducciones realizadas a cuatro manos entre ella y la escritora venezolana Andrea Sofía Crespo Madrid. Y sirve para consolidar el catálogo de Libero editorial, una interesante casa editora independiente centrada en descubrir nuevas voces de mujeres jóvenes.

El libro se divide en dos partes: “piel [se escribe al borde del mundo]” y “manos [solo se toca lo imposible]”. La primera, algo más centrada en la piel –el órgano más grande del cuerpo– como forma abstracta. No solo habla de la sexualidad y del concepto físico, sino también de lo intangible, de lo incorpóreo. Carbatti escribe “la piel es un encuentro / manera singular de palpitar en un campo común: / pulsación - poética - política” y, más adelante, “las cosas son ritmos […], no hay otra poética-política que no sea la anarquía de los afectos. nadie cambió ni cambiará nada sin ser sacudido por la carne del mundo”. 

La piel va más allá de lo sensual, de lo palpable. Aquí se trata de una reivindicación de la belleza del mundo a través de la piel, del ser “la insistencia del grito que no cesa”. Carbatti evita el uso de las mayúsculas: con ello pretende subrayar la ausencia de límites, reivindica que el ritmo (de la sangre, del plasma, de la herida, de la palpitación, de las arrugas, de los huesos y músculos, del corazón, en palabras de la autora) fluye en un universo abstracto que acariciamos a través de la sensibilidad. 

En otro poema expresa que “escribir es respirar por la fisura”. Ese es el mensaje de esa primera parte: la piel es un poema que evoluciona a través de nuestras grietas. Asimismo , homenajea a la poeta polaca Szymborska dedicándole una carta con versos de delicadeza y afectividad. 

La segunda parte es más específica, porque las manos también forman parte de la piel, son la música de su poesía: “aquello en el otro que no tocamos […] (que desgarra como nota musical), no se da necesariamente como inaccesibilidad, se da como clandestinidad”. Las manos son como los ojos, lo íntimo de nuestra más profunda emotividad. Leer a Carbatti es como dejar que la cicatriz respire, no quitar la costra, a la espera de una sanación. Callejeando en silencio. Al pensar en manos automáticamente viene la imagen del verbo “tocar”, aunque para la autora el tocamiento no se basa en “ejercitar el sentido del tacto” –como define el verbo “tocar” la RAE– sino más bien en “dejar que la inteligencia de las cosas con-mueva nuestras manos”. Tocar lo que nos remueva la razón, el pensamiento crítico, el ir más allá de la aparente simpleza de las cosas.

“nadie ha vivido tanto tiempo como para olvidar el propio tiempo”, escribe la autora en “Contracción”, uno de sus poemas más bellos. Baltasar Gracián decía que “lo único que realmente nos pertenece es el tiempo: incluso aquel que no tiene otra cosa cuenta con eso”. Pienso en él porque Carla Carbatti demuestra en este poemario suyo que un poema también es ese intervalo en el que nuestra afectividad cobra sentido y observa que “somos esas intensidades perdidas en la mirada de alguna poeta”. La piel, el tacto, las manos y los ojos hablan a través del silencio, pero también a partir de las palabras porque el lenguaje tiene el poder de hacernos sentir lo incorpóreo.