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“Buena mar”: el debut literario de Antonio Lucas

“Buena mar”: el debut literario de Antonio Lucas

Con una amplia trayectoria como poeta y periodista cultural, Antonio Lucas (Madrid, 1975) parte de una experiencia propia para su primera novela. Aunque no se trate de una autobiografía como tal, en 2018 el autor elaboró una serie de reportajes de sus vivencias a bordo de un arrastrero gallego que faena las imponentes aguas de Gran Sol. Entonces sí podemos decir que en una gran parte del libro habla la propia mirada de Lucas y no tanto su imaginación. 

Mauro, el protagonista de “Buena Mar” (Alfaguara, 2021), embarca en Castleownbere, en la costa sureste irlandesa, a bordo del arrastrero gallego Nuevo Confurco -llamado en la novela el Carrumeiro. Los once marineros que se encuentran a bordo serán su única compañía durante las casi tres semanas que pasa ahí. Es la historia de un hombre que, con la excusa de ser periodista, se adentra en un viaje interior, en una búsqueda de respuestas que en la gran ciudad no encuentra.

En su conjunto la novela tiene dos vertientes: la que narra la vida de los olvidados, los marineros; y las reflexiones internas de Mauro. Estos dos hilos argumentales se juntan y construyen un magnífico debut literario. 

La supervivencia de los pescadores

Narrar la vida de estos olvidados por el mundo parece ser el objetivo principal del autor. Es el núcleo de la novela, se asemeja a un extenso reportaje con algo más de carga emocional de lo que sería un reportaje periodístico tradicional. Aparentemente el libro se presenta como una búsqueda interior y el lector piensa que trata esencialmente de ese descubrimiento íntimo que hace el personaje. Sin embargo, el día a día de estos marineros es sustancial para la existencia de “Buena mar”. Viven en la superficie del océano y se abren hacia el lector para adentrarle en ese mar salvaje al que se enfrentan a menudo. Estar navegando continuamente se convierte en una guerra en la que el mar juega con ventaja. La soledad, la ansiedad y el silencio son sus otros enemigos. Solo les queda aliarse entre ellos y luchar para salir a flote. Se trata de vidas abandonadas y olvidadas. Cada vez son menos los que ven esta profesión como una opción de futuro. Escribe Antonio Lucas que “la entereza de estos tipos no está en la fuerza, sino en la resistencia”.

Lo llamativo es la relación de estos pescadores con el mar. Unas veces se miran con un odio intenso, otras se aman para siempre. Por ello, dicen que, al llegar a puerto, ya no subirán más, que esa es la última, pero se dan cuenta de que las profundas aguas forman parte de su vida y vuelven hacia ellas con manos abiertas, lejos de sus familias, lejos de los que aman.

La huida como remedio

“Envidio la fe de quienes confían en su fe”, dice el protagonista. La huida es el desencadenante para que Mauro realice este viaje (además de su trabajo periodístico). No tiene claro si lo que tiene en Madrid – un buen trabajo, una relación desde hace años – es lo que verdaderamente quiere. No sabe cómo su relación feliz se ha convertido en algo rutinario y tampoco intuye cómo solucionarlo. Considera que el hecho de estar perdido se resuelve si uno huye de su realidad para buscar respuestas en lugares lejanos, en este caso conversar con el mar, como una especie de terapia. “Parece que huyo, pero tan solo busco a trompadas algo distinto y muy ajeno a mí, por supervivencia, por no rendirme a la rutina, a lo previsible, a la oferta de comodidad de alguna gente que quiero”, reflexiona Mauro. Huir nunca es la solución, hay que plantarle cara a la vida. Creer que una experiencia así puede zanjar tus propios problemas es una equivocación porque, como se demuestra al final del viaje, vuelve más perdido de lo que ya estaba. Por lo menos eso parece. Quizás para otro lector con ese viaje interior basta, pero a mí me hubiese gustado que esta vertiente se desarrollara con mayor profundidad para ver el verdadero razonamiento de Mauro. Al fin y al cabo, las reflexiones son una parte importante de la construcción del personaje, más si nos encontramos frente a un paisaje tan meditativo como es el Atlántico Norte. Necesito entender quién es Mauro para vislumbrar su estado de ánimo y su actual vida y para ello faltan unas cuantas páginas más.

El estilo poético

“Mi vida, entonces, tenía la consistencia de una nube”. Escribir sobre Antonio Lucas sin nombrar su estilo poético es como hablar de Cervantes sin mencionar a su Quijote. El poeta y el novelista van de la mano, por lo menos en esta primera novela. La poesía vive en cada una de las páginas de “Buena mar” y su prosa poética es un verdadero disfrute. Porque este libro podría haber sido un ensayo sobre la vida de los marineros, pero no lo es. Desemboca en el interior del autor y en parte su estilo hace que nos sumerjamos con él en un profundo viaje para descubrir ese oficio olvidado. Su sutileza nos lleva de la mano y nos acompaña por el oleaje. Un buen poeta es quien inconscientemente se aleja de los lugares comunes – los tópicos – y Antonio Lucas claramente logra decir mucho con pocas palabras y de una manera extremadamente original.

“Buena Mar” es una invitación a ponernos las botas de agua para sentirnos pescadores y entender su vida de cerca, aunque su realidad se quede muy lejos de la nuestra.