El Pontífice repite en Barcelona la escena de bendecir a decenas de niños, una práctica que ya marcó su paso por Madrid dentro de una tradición cristiana de protección.
El Papa León XIV ha bendecido a más de 100 bebés durante sus primeras 24 horas en Barcelona, principalmente en la vigilia de Montjuic del 9 de junio y en su visita a Montserrat al día siguiente. La escena se ha convertido en una de las imágenes más repetidas y cercanas de su viaje apostólico a España, según confirmó la organización del evento.
"En apenas veinticuatro horas, el Santo Padre ha bendecido más de 100 bebés durante lo que llevamos de su etapa en Barcelona, tanto en su llegada a la vigilia de ayer en Montjuic como en la llegada a Montserrat, hoy", señalaron las fuentes oficiales.
La organización destacó la "preferencia" del Pontífice por detenerse a bendecir a niños y bebés durante sus desplazamientos en papamóvil y en vehículos cerrados. El gesto se ha consolidado como una de las estampas más significativas del paso de León XIV por Cataluña, reflejando una cercanía deliberada con las familias.
Durante su etapa madrileña, esta práctica ya se repitió de forma constante, especialmente en los recorridos en papamóvil. Padres y madres acercaban a sus hijos al equipo de seguridad papal para que el Pontífice trazara sobre ellos la señal de la cruz. En muchos casos, los bebés eran entregados durante unos segundos a los miembros de seguridad, quienes los acercaban hasta el Papa para recibir la bendición.
El gesto, aunque sencillo y visible, conecta con una tradición profundamente arraigada en la vida cristiana y responde al deseo universal de pedir protección y bienes para los más pequeños. Esta práctica trasciende lo meramente ceremonial para adquirir una dimensión familiar y comunitaria.
Pablo Pérez, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra, explicó que esta práctica hunde sus raíces en el Antiguo Testamento y responde al deseo de pedir a Dios bienes y protección para las personas. Aunque la bendición de bebés no es exclusiva de los papas, se popularizó especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX.
El cambio de enfoque se consolidó tras el pontificado de Pablo VI y, sobre todo, con Juan Pablo II, cuando el protocolo papal comenzó a ser más cercano y menos ceremonial. "Pablo VI tenía un ceremonial muy palaciego. En cambio, tras él, hay un protocolo de mayor proximidad en los papas posteriores, por lo que diríamos que la señal de la cruz en los bebés es un uso social más que litúrgico", resumió el historiador.
Pérez precisó que cuando los papas bendicen a un bebé, colocan habitualmente el signo de la cruz sobre la cabeza del niño o, en ocasiones, sobre el pecho. Ese gesto expresa el deseo de que la cruz le otorgue victoria sobre el mal en esta vida y en la futura. El signo que realizan los pontífices y sacerdotes consiste normalmente en trazar sobre la frente del niño la señal de la cruz, principal símbolo del cristianismo. “La Santa Cruz es el símbolo de la acción redentora de Jesucristo y evoca tanto su muerte en la cruz como su resurrección y ascensión”, indicó Pérez.
El experto recordó que esta tradición procede del Antiguo Testamento y está ligada al deseo de que a la persona bendecida le vaya bien y reciba bienes de Dios. En el caso de los bebés, la escena adquiere además una dimensión familiar y comunitaria que trasciende lo puramente religioso.
Pérez también subrayó que la bendición no es un gesto reservado únicamente a los pontífices. Se trata de una práctica propia de quienes ejercen una función de mediación entre Dios y los hombres, pero también extendida en el ámbito familiar, donde padres, madres, abuelos y otros familiares acostumbran a hacer la señal de la cruz a los niños.
En los recorridos en papamóvil, esta práctica es relativamente reciente y está vinculada a la mayor cercanía física entre el Papa y los fieles. “Se generaliza más cuando se produce una relación de mayor cercanía física con el Papa”, señaló el catedrático. La evolución del protocolo papal hacia formas más accesibles ha permitido que estas bendiciones se conviertan en momentos compartidos entre el Pontífice y las familias que lo reciben.