La Policía Nacional detuvo 'in fraganti' en Móstoles a un hombre y una mujer acusados de estafar a personas mayores tras sustraerles la tarjeta bancaria y observar previamente su código PIN en cajeros automáticos.
La Policía Nacional ha detenido en la localidad madrileña de Móstoles a una pareja —un hombre y una mujer— acusada de estafar a personas mayores tras sustraerles la tarjeta bancaria, incluso mediante métodos intimidatorios, y utilizar posteriormente su código PIN para retirar dinero en cajeros.
Los hechos ocurrieron el pasado 19 de enero, cuando los agentes establecieron un dispositivo especial de localización que culminó con la detención de ambos sospechosos en Móstoles. La mujer fue arrestada cuando intentaba realizar varios reintegros en cajeros automáticos por un importe cercano a 6.000 euros.
Según la investigación, los detenidos habían robado previamente la tarjeta bancaria a la víctima. No obstante, la persona afectada logró percatarse de lo sucedido y bloquear la tarjeta, lo que impidió que se completaran las retiradas de dinero. A ambos se les imputan nueve delitos de estafa, con un perjuicio económico cercano a los 10.000 euros.
Las pesquisas policiales comenzaron el pasado mes de diciembre, cuando la Policía Nacional tuvo conocimiento de varios delitos de estafa cometidos con un mismo 'modus operandi'. En todos los casos, las retiradas de dinero se realizaban en cajeros automáticos tras haber obtenido previamente el número PIN de las tarjetas.
Los sospechosos seleccionaban a sus víctimas en las inmediaciones de entidades financieras y esperaban a que realizasen operaciones en los cajeros. En ese momento se acercaban y se colocaban de forma estratégica para observar los números de seguridad introducidos en el teclado sin ser detectados.
Las investigaciones permitieron determinar que los detenidos habrían cometido hasta ocho hechos similares. Cinco de ellos tuvieron lugar en la localidad de Parla, dos en el distrito madrileño de Usera-Villaverde y otro en el distrito de Moratalaz.
Según detallaron los investigadores, la mujer era la encargada de seleccionar a las víctimas, averiguar el número PIN y seguirlas discretamente hasta lograr sustraerles la tarjeta bancaria. Para evitar ser reconocida, utilizaba ropa poco llamativa y complementos como gorros, gafas de sol o incluso mascarillas para ocultar su rostro.
Durante el seguimiento, se mantenía a cierta distancia hasta que las víctimas accedían al portal de su vivienda. En ese momento, utilizaba maniobras de distracción, como preguntar por alguna vecina, para acercarse lo suficiente y sustraer las tarjetas a las personas mayores.
La detenida contaba además con un cómplice que actuaba como chófer y vigilante. Este hombre se encargaba de trasladarla en vehículo hasta las sucursales bancarias y de vigilar los alrededores para detectar una posible presencia policial, manteniendo contacto constante con ella para alertar de cualquier incidencia.