El Museo del Romanticismo exhibe 17 dibujos inéditos sobre Italia hasta el 20 de septiembre

El Museo del Romanticismo exhibe 17 dibujos inéditos sobre Italia hasta el 20 de septiembre

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Diecisiete obras inéditas de Madrazo y Palmaroli documentan los viajes formativos de artistas europeos en la Italia del siglo XIX.

El Museo Nacional del Romanticismo abre al público 'El artista en Italia', una exposición dedicada a los viajes de formación que los artistas europeos realizaban a Italia durante mediados del siglo XIX. La muestra permanecerá abierta hasta el 20 de septiembre.

Por primera vez se reúnen diecisiete dibujos inéditos de Federico y Luis de Madrazo y Vicente Palmaroli, realizados antes de que se fundara la Academia de España en Roma. Todas las obras proceden de la colección del museo, siendo trece de ellas adquisiciones recientes del Ministerio de Cultura para la institución.

Durante el siglo XIX, estos artistas buscaban inspiración en Roma, tanto en las creaciones de maestros como Miguel Ángel, Rafael o Giotto como en las ruinas de la Antigüedad. Sin embargo, también prestaron considerable atención a los tipos populares que aparecían representados en las estampas de la época, convirtiéndolos en protagonistas de imágenes que circulaban y se coleccionaban entre los círculos artísticos.

Los estudiantes de arte tenían acceso a academias de dibujo donde encontraban modelos vivos con indumentaria tradicional. Asimismo, podían dibujar a campesinas que acudían a Roma para vender sus productos y que posaban a cambio de una retribución económica, principalmente en los alrededores de Piazza di Spagna.

El título de la exposición toma su nombre de la obra de José Galofre 'El artista en Italia y demás países de Europa. Estado actual de las Bellas Artes', publicada en 1851. En ese volumen, Galofre señala que "tanto el pintor, como el escultor y grabador, deben necesariamente frecuentar por la noche ciertas escuelas privadas de desnudo, pliegues y trajes, donde se les admite mediante el pago de una retribución convencional".

El mismo autor complementa esa reflexión con una observación sobre la técnica del color: "Téngase presente, sin embargo, que, para formarse el colorido, es preciso copiar la figura de día, porque quien pinte de noche, fácilmente incurrirá en la falsedad de las tintas y en la pesadez del claro-oscuro, que trae siempre consigo la luz artificial". Esta recomendación evidencia la importancia que se concedía a las condiciones de luz natural en la formación artística de la época.