
El calor favorece la fatiga y reduce la concentración en los motoristas, efectos equiparables a una tasa de alcohol de 0,5 g/l según la DGT, por lo que el equipamiento de verano es fundamental.
El calor puede convertirse en un factor de riesgo al manillar. Las altas temperaturas favorecen la fatiga, reducen la capacidad de concentración y pueden aumentar el tiempo de reacción, unos efectos especialmente relevantes para los motoristas, que están expuestos directamente a las condiciones ambientales y necesitan mantener su equipamiento de protección durante todo el trayecto.
Según datos de seguridad vial, el calor intenso está relacionado con hasta un 17% de los accidentes de tráfico debido a la disminución de la atención y al aumento del tiempo de respuesta. Además, la DGT advierte de que conducir bajo temperaturas extremas puede generar efectos similares a los de una tasa de alcohol en sangre de 0,5 g/l, afectando a la atención y a los reflejos.
A pesar de ello, el calor puede llevar a algunos motoristas a reducir su nivel de protección. Según un estudio de siniestralidad vial en motocicletas elaborado por la Fundación Mutua Madrileña, menos del 15% de los motoristas urbanos utiliza pantalón o calzado especializado. Circular en chanclas, pantalón corto o con prendas cotidianas puede resultar cómodo, pero no ofrece la protección necesaria en caso de caída.
El equipamiento de protección cobra todavía mayor importancia ante los cambios normativos previstos para el 1 de octubre de 2026. A partir de entonces, se deberán utilizar guantes de protección cuando circulen por vías interurbanas y calzado cerrado que cubra todo el pie en todo tipo de vías.
La evolución del mercado de la equipación para moto ha permitido desarrollar prendas y accesorios específicamente pensados para los meses más calurosos, capaces de combinar protección, ventilación y comodidad térmica. Equiparse correctamente no significa pasar más calor.
Actualmente, existen chaquetas textiles microperforadas que ofrecen protección y, al mismo tiempo, favorecen la circulación del aire en el interior de la prenda. También es recomendable prestar atención a elementos como la espaldera y optar, siempre que sea posible, por modelos que incorporan zonas de ventilación o perforación.
A esto se suman los guantes ventilados, especialmente los diseños de caña corta, y los pantalones específicos para moto, disponibles en tejidos transpirables y también en modelos con estética vaquera que incorporan protecciones. En cuanto al calzado, existen botas y zapatillas de moto ligeras y transpirables, con diseños urbanos que permiten mantener la protección sin renunciar a la comodidad durante los meses de verano.
Para quienes realizan rutas largas, los chalecos refrigerantes son otra alternativa para combatir las altas temperaturas. Estos chalecos se activan con agua y ayudan a reducir la sensación térmica hasta 15 grados.
Antes de iniciar la marcha, es importante comprobar que las entradas y salidas de aire del casco y las ventilaciones de la chaqueta están correctamente abiertas y reguladas. Una buena circulación del aire puede marcar una diferencia importante durante la conducción.
Es fundamental hidratarse de forma frecuente, especialmente en rutas largas. Llevar agua y realizar paradas periódicas ayuda a prevenir la deshidratación y la fatiga asociada a las altas temperaturas.
Siempre que sea posible, es recomendable evitar las horas centrales del día, cuando las temperaturas son más elevadas y el asfalto puede acumular una mayor cantidad de calor. Planificar previamente la ruta, localizar gasolineras y zonas de descanso permite afrontar el trayecto con mayor seguridad.
Antes de emprender cualquier ruta, dedicar unos minutos a revisar el estado de la moto puede marcar la diferencia. Es importante comprobar la presión de los neumáticos siempre en frío y ajustarla según las recomendaciones del fabricante y la carga que se vaya a transportar. También conviene revisar que la cadena esté correctamente tensada y lubricada, comprobar los niveles de líquidos y realizar una revisión general.
El calor y la deshidratación pueden provocar fatiga, somnolencia, mareos y una disminución de la capacidad de concentración. Ante cualquiera de estas señales, lo más recomendable es detenerse en una zona segura y descansar.
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