El lago del Parque de Pradolongo, en el distrito madrileño de Usera, se ha convertido desde hace años en un enclave singular para la práctica del kayak-polo, un deporte que mezcla piragüismo, balonmano y waterpolo, y que sigue siendo minoritario en España, con apenas unos 600 practicantes.
El club Oxio lleva 17 años desarrollando esta disciplina en este espacio, tras sus inicios en la Casa de Campo bajo el nombre de Manzanares-Kayak. Actualmente, ofrece formación a alumnos de todas las edades, además de otras modalidades como piragüismo, slalom o Stand Up Paddle (SUP), aunque el 80% de su actividad se centra en el kayak-polo.
Su coordinador, Sergio Martín, destaca que el lago fue cedido por el Ayuntamiento hace casi dos décadas y que, pese a su trayectoria, siguen siendo “grandes desconocidos”. El funcionamiento del club se apoya en tres pilares: la federación de piragüismo, que asume el coste de los técnicos; el club, que aporta el material; y el Consistorio, responsable de las instalaciones.
Formación accesible y apoyo público
El club cuenta con dos programas subvencionados que facilitan el acceso a este deporte. Por un lado, las escuelas municipales, dirigidas a menores de 18 años, con cuotas que oscilan entre los 9 y 14 euros. Por otro, el programa Ipafd de la Comunidad de Madrid, que ofrece actividades extraescolares gratuitas o de bajo coste para alumnos de ESO y Bachillerato, que solo abonan el seguro escolar.
En total, el club reúne a unos 35 alumnos en formación y 60 deportistas federados, con una destacada presencia femenina. Los más jóvenes, entre seis y 14 años, se inician en las escuelas municipales y, a partir de esa edad, pueden integrarse en el club para competir.
Para darse a conocer, Oxio organiza jornadas abiertas durante las fiestas de Usera y actividades en centros educativos y culturales, permitiendo a los vecinos probar este deporte de forma gratuita.
Un espacio con potencial, pero con limitaciones
A pesar de su actividad, el principal obstáculo es el estado del lago. Su escasa profundidad, que en algunos puntos apenas alcanza los 20 centímetros y no supera los 70, está por debajo de los 90 exigidos para competiciones oficiales.
Esta limitación impide organizar torneos y dificulta la progresión de los deportistas, que al entrenar en otros espacios más profundos pueden sentir inseguridad. Además, provoca daños en el material, que deben asumir los propios usuarios.
Desde el club proponen aumentar la profundidad del lago o acondicionar una zona específica para kayak-polo, lo que permitiría atraer competiciones e impulsar la visibilidad del barrio. Sin embargo, pese a la buena disposición de las administraciones, estas mejoras no se han llevado a cabo.
Mientras tanto, el kayak-polo sigue remando contracorriente en Usera, manteniendo viva una disciplina poco conocida pero con gran potencial en la ciudad.