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“Las desheredadas”, entre la pasión y el sometimiento

“Las desheredadas”, entre la pasión y el sometimiento

“¡Qué distinta habría sido mi vida si en mi tarjeta pusiera Emilio en vez de Emilia!”, exclamó acertadamente una Emilia Pardo Bazán ya cansada allá por finales del siglo XIX. Cansada y enfadada. Y también subordinada a una fuerza mayor que le impuso su poder y su sesgo: el patriarcado. ¿Qué habría ocurrido si la autora hubiera nacido hombre y no mujer? Quizás no habría estado tan cansada ni tan enfadada. Y, por supuesto, habría estado muy lejos de ser oprimida y juzgada en cada uno de sus pasos, profesional y personalmente.

La cruda realidad de la historia del arte es que las creadoras debieron enfrentar esta situación a lo largo de su vida. Pardo Bazán no fue un caso aislado, fue víctima de un sistema perpetuado durante siglos. ¿Cuántas se escondieron o se vieron obligadas a esconder su talento porque el mundo no toleraba su éxito? Acerca de esta premisa reflexiona Ángeles Caso (Gijón, 1959) en “Las desheredadas” (Lumen, 2023). Aunque no deberíamos considerar este libro únicamente como una “reflexión”, puesto que su anatomía se vertebra en el legado de muchísimas mujeres que “se atrevieron a desviarse de la senda severamente trazada para ellas (…) creer en sí mismas” y luchar contra su contexto. “Sentían que, si no lo hacían, el corazón les dejaría de latir”. Pero en estas páginas podemos comprobar que sí latía, más fuerte de lo permitido.


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Ángeles Caso dio un importante paso al publicar “Las olvidadas” (Planeta, 2005), un extenso trabajo de documentación bibliográfica, cuyo objetivo era la constatación de la presencia femenina en todas las artes. Con un título bastante acertado, aquel ensayo historiográfico -que bien podría convertirse en un lugar de referencia- fue deconstruyendo el relato común de la historia para introducir en él los nombres de las mujeres que se dedicaron a la creación artística en los siglos XII-XVII. Y tuvo una gran acogida, ya que vendió más de medio millón de ejemplares y consolidó a la escritora, que ya cuenta con los premios Planeta y Fernando Lara a sus espaldas.

En esta ocasión, la historiadora del arte y comunicadora retoma aquel para sumergirse en los siglos XVIII y XIX; dos periodos que, como nos explica en el libro, fueron tan distintos como determinantes. Precisamente esa es la palabra que define el rumbo de todas estas “olvidadas” y “desheredadas”: determinante. Sería injusto decir que estos ensayos pretenden únicamente recordar sus obras, ya que, en realidad, nacen de la necesidad de dejar constancia y hacer presente el papel que desempeñó la mujer en el arte. No fueron solo musas, no fueron solo la inspiración, el colchón cómodo al regresar a casa o las encargadas de cuidar a los niños mientras el hombre trabajaba –“no hay que interrumpir a papá”-, sino que, entre ellas, también hubo destacadas creadoras que merecen reconocimiento.
Ángeles Caso reconstruye en ambos volúmenes una historia distinta, una entre cuyos pilares sí encontramos personajes femeninos. Conjuga una mezcla de géneros, entre lo divulgativo, lo histórico y lo narrativo, que consigue acercarnos de manera inmediata al contexto de aquellos siglos. Para algunos será acertado, para otros, atrevido; pero lo cierto es que la elección de ficcionar el comienzo de los episodios logra trasportarnos al lugar y momento concretos de la vida de las protagonistas (las hermanas Brontë, Olympe de Gouges, Camille Claudel, etc.), al tiempo que escuchamos sus sentimientos.

Así, por ejemplo, para explicarnos la situación de las literatas, comienza por introducirnos una anécdota de Mary Shelley. Todo está tan perfectamente pensado, escrito y estructurado que el episodio se relaciona con los hechos posteriores y el final del capítulo recupera ese fragmento en una perfecta disposición circular.

Otro punto a favor es que no se pierde rigurosidad histórica por el camino. De hecho, es evidente que el ensayo está fundamentado en un corpus científico, puesto que las citas, así como un índice bibliográfico, forman tan parte del libro como lo propiamente descrito. Y esto, en tiempos donde la desinformación está a la orden del día, es de reconocer. Además, otro aspecto que ha colaborado al disfrute y al aprendizaje de la lectura es la inclusión de láminas con imágenes. En ellas podemos observar quiénes fueron las mujeres de las que Caso nos habla. Es de agradecer poder poner, no solo nombre, sino también cara, a todas esas artistas.

En la presentación de “Las desheredadas”, la comunicadora reconoció la dificultad de adentrarse en la documentación relativa a los siglos XVIII y XIX, pero especialmente en este último. En esa misma presentación Caso explicó cómo en el siglo XVIII la Revolución francesa había logrado unos avances en determinados ámbitos de la sociedad, pero no en el sector femenino (aun cuando las mujeres fueron cruciales en el desarrollo de la revolución). En el siglo XIX, ellas quedarían nuevamente relegadas a las tareas domésticas, esta vez bajo el apelativo de “ángeles del hogar”: la actitud opresiva se tornaría paternalista en el trascurso de un siglo a otro.

Cuestiones como estas: el surgimiento de la terminología asociada al feminismo, así como el movimiento en sí; la colaboración en proyectos comunes de progreso -para después ser rechazadas-; la consideración de la literatura masculina como universal y la femenina, como únicamente “femenina”; las diferencias educativas y sociales, o la ocultación con pseudónimos, anonimatos o borrados de las creaciones de las citadas son algunas de las muchas consideraciones que descubre Ángeles Caso. Es apasionante a la par que triste encontrarse con tantos nombres olvidados o desheredados de su arte.
La sensación final, por tanto, es de injusticia; sin embargo, también de esperanza. Saber que fueron ellas y no ellos traza un camino que el resto podemos continuar: dejaremos de tener referentes literarios -como Jo March (protagonista de “Mujercitas”), tal como confiesa la escritora- para tener ejemplos de mujeres reales en las que mirarnos y a las que admirar. Podremos y podemos crear, ahora haciéndonos ver, para que nadie tenga que venir a recordar que teníamos pasión y talento, que nuestro corazón latía: estaremos y lo sentiréis.

@estaciondecult

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