Inmigrantes, no: Somos secesionistas

Inmigrantes, no: Somos secesionistas

El problema de la inmigración es complejo y ha influido en los cambios geopolíticos a lo largo de la historia. Las posturas extremas, tanto de prohibir la inmigración como de acoger a todos sin control, son irracionales. Controlar la inmigración no es xenofobia, y pedir papeles para todos es tan insensato como dejar la puerta de casa abierta. La cuestión migratoria afecta a continentes enteros, no solo a regiones específicas. En este contexto, los secesionistas catalanes rechazan acoger refugiados, mostrando un egoísmo y supremacismo singular. Ante el reto de controlar los flujos migratorios de manera racional para evitar que Europa se convierta en un campo de refugiados, los separatistas catalanes responden con una actitud de rechazo total.

El problema de la inmigración es bastante complejo. Y, además, cambiará el mundo, porque todos los cambios geopolíticos que se han producido en el planeta han sido una consecuencia de las migraciones: fueran a través de invasiones guerreras o de movimientos tan pacíficos como paulatinos.


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Resultan tan estúpidos los becerros de taberna que dicen que eso lo arreglan ellos prohibiendo la inmigración como los apóstoles buenos que abogan por acogerlos a todos, porque todos somos seres humanos. Naturalmente. Pero si llegan un par de pobres a mi casa, entran sin permiso, y se instalan en el salón, serán hijos de Dios, pero han asaltado mi casa. Poner control a la inmigración no es xenofobia, y pedir papeles para todos es tan irracional como dejar la puerta de tu casa abierta, y que entre y se instale el que quiera.

El problema de la invasión de un continente a otro, no es un problema de Canarias, de España, de Sicilia, o de Italia. Es un problema de dos continentes, o de los países que existen en esos dos continentes. Y, en medio de un problema complicado y embrollado, vienen los secesionistas catalanes, y dicen que a ellos que les quiten de acoger refugiados, y que se refugien en el resto de España. ¡Ah! Y no se les ocurra llamarles xenófobos, porque es que ellos son singulares. Y es singular su egoísmo, singular su xenofobia, y singular su supremacismo. Si ya consideraban inferior a un español de Extremadura o de Murcia o de Aragón, imaginemos que nervios se les desatan antes un africano que, además, tiene la piel oscura.

A finales de los sesenta, cuando en el Reino Unido la homosexualidad era más visible que en el resto de Europa, había una frase popular que se usaba como latiguillo: "Sexo, no, por favor: somos británicos". No es que se quisiera denostar la homosexualidad, sino que se ironizaba sobre la inapetencia de los heterosexuales. Pues bien, ante el gran reto de este siglo, que consiste en controlar los flujos migratorios de una manera racional, con el objeto de no convertir Europa en un inmenso campo de refugiados -nadie en esta vida aspira a ser un refugiado- o de que haya una explosión que transforme brutalmente la sociedad europea, de co secuencias imprevisibles, los separatistas catalanes han dado con la fórmula para proteger su micro-mundo: "Inmigrantes, no, por favor: somos separatistas catalanes".

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