“Olor a hormiga”, una ventana hacia la senectud

“Olor a hormiga”, una ventana hacia la senectud

Todos deseamos, de alguna manera, llegar a la vejez por más que, paradójicamente, esa misma vejez nos despierte auténtico pavor: una vida longeva es aviso de que el final se acerca. “Olor a hormiga” (Reservoir Books, 2024) –la primera novela de la poeta Júlia Peró (Barcelona, 1995)– pone el foco en ese momento vital y en la dureza de hacerse viejo en un mundo que se ha olvidado de sus mayores.

La obra se desarrolla en un solo espacio y con únicamente tres personajes: Olvido, una anciana que ya no sale de casa, su gato y la chica que va a cuidarla. Con estos tres protagonistas y desde la simpleza, la autora es capaz de plasmar, con mucha crudeza, una cara de la vejez que quizá ha sido olvidada en el debate público. Así, la novela gira en torno a la soledad y el deterioro del cuerpo y de la mente para conseguir hacer llegar al lector una reflexión sobre la vida cuando está llegando a su fin. 


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Esta obra también centra la mirada en que a las mujeres se les impone la forma de comportarse y sentirse o incluso qué desear desde su niñez a la vejez. De esta manera, la novela medita de qué manera se exige cómo debe ser una mujer. Para ello, repasa temas como la sexualidad en la tercera edad, la muerte como un tabú, la demencia, el abandono de las personas mayores o los traumas arrastrados por las vivencias pasadas.

Sin duda, es un libro singular, atípico. Júlia Peró tiene una pluma sencilla, pero siempre acaba brotando la crudeza y la dureza de la verdad, sin adornos y sin edulcorantes. Lo incómoda que llega a ser su lectura es precisamente donde reside el placer de la misma. 

Se trata de una novela escrita por una poeta, lo que deja una huella muy notable en el su estilo: en ella abundan figuras literarias, especialmente metáforas, con las que consigue que los capítulos tengan ritmo y se lean con mucha agilidad. Además del diálogo interno de Olvido o las conversaciones con su cuidadora, la autora también se sirve de las charlas que la anciana entabla con su gato. De hecho, su mascota es una pieza clave para poner en relieve las verdades más difíciles de aceptar, las que se niega a sí misma, pero las que en el fondo sabe que están ahí. 

La facilidad de su lectura contrasta con su dureza, ya que en ocasiones puede despertar una necesidad de frenar para asimilar su contenido. A veces incómodo y otras tierno, “Olor a hormiga” lleva al lector por un mar de emociones distintas que pasan por el miedo, la rabia, la soledad, el asco, el cariño o la ternura. Se trata de una obra tan necesaria como difícil, precisamente porque habla de la pura realidad. 

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