“Libro de la guerra”, la nueva antología de Miguel Hernández

“Libro de la guerra”, la nueva antología de Miguel Hernández

Miguel Hernández “llegó con tres heridas: la del amor / la de la muerte / la de la vida”. Nos lo recuerda Elena Medel (Córdoba, 1985) en el prólogo de esta cuidada edición que ha publicado Seix Barral en honor al poeta alicantino. “Libro de la guerra” (2023)  presenta una selección de textos escritos por Miguel Hernández (Orihuela, 1910-1942) durante la guerra civil, a la que el escritor estuvo política y poéticamente comprometido.

Medel explica que el diálogo cronológico que presenta el libro, y que se extiende desde los meses anteriores al golpe de estado del 36 hasta el día previo a la muerte del poeta, responde a tres perspectivas diferentes: “la visión política de Miguel Hernández con respecto a su momento histórico, la de la creación entendida como militancia y la de su propia biografía personal, que se amplía hacia lo colectivo”. Esta confluencia de lecturas se traduce en una antología que combina poemas, artículos y crónicas, piezas teatrales, cuentos y correspondencia con familia y compañeros.


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Quienes hayan leído previamente a Miguel Hernández encontrarán en esta obra un motivo para acercarse de nuevo al universo del autor y contemplarlo desde un prisma vertiginoso: el de la cuenta atrás. La voz del poeta se va agrandando a medida que se estrecha su mundo, un contraste que emerge del miedo y se alza como grito de resistencia. “Voces como lanzas vibran / voces como bayonetas [...] el corazón se revuelve, / se atorbellina, / revienta” (versos del poema Guerra en “Cancionero y romancero de ausencias”, 1978).

Para aquellos que aún no conocen la escritura de Miguel Hernández –y que, sin duda, animamos a descubrir– este libro puede suponer la oportunidad para abrir la puerta al mundo literario de uno de los escritores más leídos en lengua española. “El corazón mío procura dignificarse a fuerza de ser generoso” –escribió– “en mi poesía, en mi teatro, expongo las luchas de mis pasiones, que reflejan las de los demás” (en “Teatro en la guerra”, 1937). 

A lo largo de los textos, recordamos o descubrimos a ese Miguel Hernández niño, que dejó de serlo demasiado pronto para dedicarse a las labores del campo. Esta realidad campesina es plasmada en obras teatrales como “Los hijos de la piedra. Drama del monte y sus jornarleros” (1934), de la que se incluye un fragmento. “Enriquezco tu mano / cortando uvas / cubiertas por los soles / y por las lunas”.

Cuando Hernández se vio obligado a sustituir la hoz por el fusil, sus versos se fueron tiñendo del color de la sangre: “Herido estoy, miradme: necesito más vidas. / La que contengo es poca para el gran cometido / de sangre que quisiera perder por las heridas. / Decid quién no fue herido” (De el poema El herido en “El hombre acecha”, 1939).

Pero Miguel Hernández también fue un hombre lleno de vida, de alegría y de ternura. La manifestaba en cada carta que enviaba a Josefina, su esposa, o cuando evocaba a Manolillo, su hijo. Una desesperanza oculta bajo el amor a sus seres queridos. “Tu risa me hace libre / me pone alas / soledades me quita / cárcel me arranca” (poema Nanas de la cebolla, 1939).

Nos encontramos, pues, ante “un libro de fe absoluta en la literatura y sus posibilidades y, a la vez, un libro desolador que cuenta el fracaso de un hombre que creyó que la literatura cambiaría el mundo”, en palabras de Elena Medel. Ante todo, nos encontramos ante la constatación de que si la literatura no cambia el mundo, al menos ayuda a comprenderlo.

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