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“Mañana y tarde”, la mejor puerta de entrada a la obra del Premio Nobel Jon Fosse

“Mañana y tarde”, la mejor puerta de entrada a la obra del Premio Nobel Jon Fosse

Traducido a más de 40 idiomas, con una obra amplia y de géneros variados, la literatura del noruego Jon Fosse (Haugesund, 1959) era sobradamente conocida y divulgada en media Europa. Media Europa que, por cierto, no incluía a España en donde, hasta tiempos muy recientes, no se encontraban traducciones de sus libros y aún hoy solo parcialmente.

Tras la concesión del Premio Nobel en 2023, las crónicas más rápidas destacaron su condición de converso al catolicismo, que vivía en la residencia oficial noruega destinada por el monarca, en los jardines del palacio real, para el artista más importante del país y, sobre todo, las extravagancias formales de sus obras: anarquía en la puntuación, usos, a veces surrealistas, del lenguaje, etc. Subrayar estas “libertades” formales, a priori, puede servir para desalentar al más dispuesto de los lectores. Y, sin embargo, sería un error porque si bien es cierto que esas “licencias” son lo más obvio al abrir sus libros, en la obra de Fosse acaban siendo algo instrumental, supeditado a la fuerza, hondura y delicadeza de lo narrado, que son los verdaderos protagonistas de sus creaciones.


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Recientemente ha aparecido “Mañana y tarde” (2023, Nórdica libros), una de las últimas traducciones del noruego, que puede servir como estupenda y breve introducción –poco más de 100 páginas– a su mundo creativo. La obra está compuesta por dos historias que relatan dos sucesos de la vida de Johannes, su nacimiento y su muerte y, en ellos, el retrato de toda una vida y un sentir expresado en constantes flujos de conciencia. El lector se encuentra en un pueblo indeterminado que bien podría ser noruego, frente a la costa, pero que también puede recordar, por ejemplo, al recreado por la escritora danesa Isak Dinesen en “El festín de Babbete”, o el de tantas obras ibsenianas o al de las últimas cintas del sueco Ingmar Bergman. En una época indeterminada también, pero previa a la irrupción de la tecnología, quizá los años 60 o 70. El modo de vivir de aquellas aldeas, circunscrito a las casas, marcado por los dictados del clima, conformado por un cierto estilo de vida de cristiandad, determina los caracteres de sus habitantes. Es un universo cerrado habitado por gentes sencillas (“a mí nunca me han pasado grandes cosas”, dice uno de sus personajes). 

Johannes nace en casa, con la asistencia de una matrona, mientras su padre, sentado en la cocina, piensa en la bendición que supone un hijo, en cómo la resignación de no tener más descendencia se había transformado en una alegría, en el sencillo amor que siente por su mujer. Años después Johannes fallece">muere en casa, viudo, en soledad, jubilado. Después de una larga vida como pescador, en la cual se había casado con una mujer que en realidad no había sido su primera opción, pero con la que había tenido una vida razonablemente plena. 

Hay un eco chejoviano en estos relatos, como un aburrimiento de vivir, hay una especie de destino ineludible que no pasa por la tragedia, sino por la necesaria repetición de las rutinas más elementales: madrugar, trabajar y dormir; nacer, engendrar, morir. Hacer lo justo, tratar con los vecinos. Hay un equilibrio social de gente esencialmente buena, en un universo cuyos rasgos culturales construían sociedades destinadas a una prudente felicidad, a una esperanza razonable también. Sin excesos sentimentales, sin ambiciones. Lo sorprendente es que el lector no lee estas páginas con opresión sino casi con envidia porque el modelo de vida que aquí se presenta parece completamente ajeno a la frustración, no promete una felicidad exaltada pero tampoco provoca desengaños. Es como si no ofreciera más dicha que la realmente posible.

Por todo ello las referencias de Chejov o de Dinesen y Bergman son solo parciales: porque si en el ruso hay en tantas ocasiones una íntima desesperación, un conformismo exasperante y en los personajes de Babbete una confianza en que el mundo es severo porque el más allá no lo será, en Fosse los protagonistas confían en un más allá, pero son sencillamente plenos en el más acá. He aquí la propuesta contracultural de Fosse. El resultado es que el lector entra en un universo cerrado, en una suerte de pacífica ataraxia de la que no querrá salir.

@estaciondecult

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