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“Una cabeza cercenada”, tragicomedia al más puro estilo shakesperiano

“Una cabeza cercenada”, tragicomedia al más puro estilo shakesperiano

Editada por Impedimenta y traducida al español por Enrique Maldonado, llega a las librerías “Una cabeza cercenada”, la quinta novela de la escritora y filósofa irlandesa Iris Murdoch (Dublín,1919-Oxford,1999), que publicó en 1961, en los albores de la revolución sexual.

Es autora de veintiséis novelas, entre las que cabe destacar “Bajo la red” (1954), “El sueño de Bruno” (1969), “El príncipe negro" (1973), “La máquina de amor sagrado y profano” (1974) o “El mar, el mar” (1978), considerada por muchos críticos y lectores como su obra cumbre. Antes de convertirse en una gran novelista, Murdoch se dedicó intensamente a la filosofía. Entre sus publicaciones se incluye el primer estudio escrito en inglés sobre Jean-Paul Sartre; también, la obra “El fuego y el sol” (1977), donde examina la visión de Platón sobre el arte, y “La soberanía del bien” (1970), en la que explora la filosofía moral.


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A modo de bosquejo biográfico, cabe mencionar que Murdoch se educó en las escuelas progresistas de Inglaterra, se licenció en un grado en Humanidades que combinaba la Literatura Clásica, la Historia Antigua y la Filosofía. A continuación, estudió un posgrado en Cambridge, y en 1948 empezó a trabajar como profesora en el St. Anne’s College de Oxford. Permaneció quince años en la docencia, hasta que se retiró para dedicarse en exclusiva a la escritura. En 1995 fue diagnosticada de Alzheimer y cuatro años más tarde, en 1999, falleció.

Además de los numerosos premios literarios que Murdoch recibió durante toda su carrera y también póstumamente, en el año 1987 fue nombrada Dama del Imperio Británico por Isabel II. Ha pasado a la historia como una escritora prolífica, inteligente y brillante en su pensamiento filosófico y en su actividad literaria.

En esta novela que se traduce ahora al español, encontramos su faceta más divertida y transgresora, capaz de trasladarnos a la burguesía londinense de los años 60, momento en el que se desafiaron los códigos éticos y morales de las relaciones afectivo-sexuales. La obra es una novela de enredos amorosos entre el narrador, Martin Lynch-Gibbon, un hombre de cuarenta y un años que parece tener todo bajo control; su mujer, Antonia, algo mayor que él, quien le pide el divorcio tras contarle su aventura con Anderson Palmer, su psicoanalista y amigo de ambos; Georgie, la joven amante secreta de Martin; Honor Klein, la hipnótica hermana de Palmer, y Alexander, el triunfador hermano de Martin.

“Una cabeza cercenada” es una tragicomedia al más puro estilo shakespeariano, donde el humor y el amor comparten algo más que la fonética: los dos desencadenan el deseo –para los personajes, cuyos dilemas se complican cada vez más, pero también para los lectores, que ansiamos seguir leyendo y riendo con ellos–: “—¿Quieres casarte conmigo? […] / —Pídemelo más tarde / —Te quiero. / —Uf, eso… / Soltó una risa seca”.

Shakespeare no solo está presente de forma implícita; los propios personajes evocan en un par de ocasiones los versos de “El sueño de una noche de verano” y el famoso monólogo del príncipe de Dinamarca en “Hamlet”, algo que no es casual, puesto que Murdoch tomó al dramaturgo como principal referente literario en toda su obra, al igual que hizo con Platón en su labor filosófica, y a quien también menciona Martin al inicio de la historia: “a todo el que se le dé bien liberar a la gente, se le dará bien esclavizarla, si hacemos caso a Platón”.

No podemos olvidar la fecha de publicación original, puesto que muchos de los asuntos que se abordan en esta novela –el aborto, el incesto, el suicidio…– eran temas tabúes. Por ello, la autora debe ser considerada una mujer adelantada a su tiempo, valiente por cuestionar lo establecido, pese a que lo hace en tono desenfadado, jocoso, incluso. En ocasiones, una tiene la sensación de estar leyendo teatro del absurdo, aunque las reflexiones que subyacen nada tienen de absurdas. “—Nuestro matrimonio ya no lleva a ninguna parte […] / —Uno no tiene que llegar a ninguna parte en un matrimonio, no es un transporte público”.

Con una excelente combinación de intelectualismo y disparate, leer esta novela se asimila a asistir a una ópera: los personajes desfilan con sus dramas y sus alegrías, con su exaltación, vestidos de otra época que no es la nuestra, pero demostrándonos que los dilemas pueden ser los mismos. Todo ello empujado por una armonía compuesta por sus voces que nos susurran sus secretos, nos exclaman sus pesares y nos cantan sus pasiones hasta que la acción se resuelve, la luz se apaga, el telón baja y el público aplaude.

@estaciondecult

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