El difícil papel de Feijoo

El difícil papel de Feijoo

Hay políticos de los que se diría que el pasado les sienta mejor que el presente. Es el caso del presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. No está teniendo suerte. Habiéndola tenido y sobrada antes en Galicia, su tierra natal.

En esta etapa, habiendo ganado las elecciones, se enfrenta a una sesión de investidura falto de apoyos parlamentarios suficientes para ser proclamado presidente del Gobierno. Viene obligado a intentarlo a sabiendas de cuál será el resultado.


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Y esa situación, en sí misma, se entiende que sea origen de no poco desasosiego y algún desconcierto como hemos visto en algunos titubeos a la hora de convocar una manifestación para protestar contra una eventual Ley de Amnistía que, negociada con el prófugo de la justicia Carles Puigdemont, sería el peaje a pagar por Pedro Sánchez para conseguir el apoyo de los siete diputados de Junts a la hora de presentar su propia candidatura a la reelección. Sánchez, el perdedor de las elecciones del 23 de Julio, se jacta ya de que conseguirá lograr la investidura que le permitirá seguir en La Moncloa porque -son sus palabras- está dispuesto a "buscar votos hasta debajo de las piedras".

Habló durante la campaña electoral de buscar votos pero nada dijo de que llamaría a la puerta de la mansión en la que vive Puigdemont en la localidad belga de Waterloo. Lo que sí recordamos todos es haberle escuchado decir que la amnistía no tenía cabida en la Constitución.

Sánchez está tentando la suerte del arribista mientras que Feijóo sufre el rigor de la coherencia. Es complicado el papel que las circunstancias adversas han tejido para Núñez Feijóo. Está obligado a resistir asumiendo el papel de líder de la oposición -el PP tiene mayoría absoluta en el Senado y controla buena parte del poder local y autonómico- pero la resucitada mayoría Frankenstein que dominará el Congreso le deparará días amargos aprobando leyes como la mencionada de la amnistía.

Contando con que a Sánchez le va resultar muy difícil gobernar y se desgastará cediendo a las exigencias de sus socios, Feijóo se verá obligado a desplegar ingenio parlamentario para mantener viva la esperanza de que vendrán tiempos mejores para las expectativas del Partido Popular. Al tiempo, deberá acopiar paciencia para contener las críticas internas de quienes en su entorno se veían ya subiendo al coche oficial y podrían estar pensando en cambiar de timonel.

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