Canallas y cobardes

Canallas y cobardes

Hace poco, en una entrevista, dije con plena consciencia que las redes son, hoy, el refugio de canallas y cobardes. No venía de una despedida de soltero, ni de una cena conmemorativa de alguna promoción, porque me recuerdo a mi mismo de mañana, descansado y sobrio.

Y, hace un par de días, ha llegado la comprobación de mi afirmación rotunda, porque un puñado de cobardes y canallas han robado las fotografías de los rostros de unas menores, y les han aplicado unos cuerpos diferentes, y en posturas desvergonzadas.


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Tomando prestado el estilo de claridad cervantina, estamos autorizados a escribir que las madres de estos canallas serán unas santas y no tienen la culpa de lo que hacen sus hijos, que se han convertido en unos hijos de puta. "Hi de puta" hubiera escrito Cervantes. Tengo cinco nietas, y comprendo la indignación de Almendralejo, esa maravillosa capital de la comarca de Tierra de Barros, indignación que, por solidaridad, se ha extendido a toda España, y debe ser pertinaz, para que no quede en la indignación gaseosa, que crea mucha espuma y, luego, desaparece.

empleo las redes a diario, y me son muy útiles, y han logrado que la biblioteca de Alejandría de todo el planeta esté al alcance de todos los que vivimos en el planeta. Y, por eso mismo, es necesario poner los medios para perseguir a los canallas y a los cobardes, y los medios los pueden manjar excelentes rastreadores digitales, que forman parte de los Cuerpos de Seguridad del Estado, y añadiría los Servicios de Inteligencia, a no ser que permitan que mañana aparezca una ministra llevando a cabo una felación a un mono, merced al uso criminal de la inteligencia artificial y las técnicas adulteradas de fotoshop.

Quiero decir, por si no se ha entendido, que los cobardes y canallas que han hollado, y abusado, y robado la imagen de unas niñas de Almendralejo, lo pueden hacer, mañana, con la presidenta del Congreso o con el ministro de Interior. O cortamos este allanamiento de imagen, o las mismísimas madres de quienes todo esto le hace gracia, pueden salir aparentemente en pelotas y en posiciones lujuriosas. No es una anécdota. Es un peligro universal, y la única forma de atajar a los canallas es la identificación y el enjuiciamiento por actividad criminas. Porque todos los canallas del mundo, cuando tienen que dar la cara, sufren una descomposición intestinal, que es la reacción clásica de los cobardes.

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