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NO es NO, y hay demasiados 'noes'

NO es NO, y hay demasiados 'noes'

Alguien debería explicar a los ciudadanos por qué la ley del 'sí es sí', que responde a unos principios loables, pero que está desarrollada, redactada e implementada pésimamente, ha servido para enconar las relaciones entre la parte mayoritaria del Gobierno, representada por la ministra de Justicia, y la minoritaria, es decir, Podemos, encarnada en este caso por la titular de Igualdad, Irene Montero, vértice de todas las discordias.

Y NO, NO debemos tolerar estos absurdos rifirrafes, cosa de leguleyos chapuceros que pelean por la forma de remendar lo mal cosido, que dan la apariencia de que existe un debate ordenado en el seno de un Ejecutivo desordenado. Creo que la ciudadanía, apática por principio hasta que saltan _véase Francia- los fusibles, debe ensayar un 'solo NO es NO' a una serie de planteamientos, ya inaceptables, procedentes de una llamada clase política que aspira a representarnos.


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España es un país donde incluso cuando se afirma que 'solo sí es sí' se está sugiriendo cuándo el NO es NO, y es lógico. Pero es que hay muchas cosas para gritar NO, muchísimas; es doloroso hasta enumerarlas. NO a la perpetuación de esta escenografía de duelo a garrotazos que lastra la gobernabilidad del país y la buena -o regular-- marcha del Ejecutivo. Sánchez, es un clamor, debe aprovechar la sustitución de las 'ministras candidatas' para cesar al menos a otras dos 'miembras' del Gobierno y NO, de ninguna manera permitir que esa rumoreada amenaza de Pablo Iglesias si se toca a sus 'herencias' ministeriales condicionen las decisiones que solo corresponden al inquilino de La Moncloa. Si Iglesias sabe cosas, como deja caer sibilinamente, con las que puede amenazar a Sánchez, NO puede ocultarlas para esgrimirlas como menos que velada presión al presidente amparándose en una sedicente condición de 'periodista'. Porque NO lo es. Ni pensarlo. ¿Sigo?

Y NO, definitivamente NO, a espectáculos como los de este martes en el Senado, o como los de las sesiones de control parlamentario al Gobierno, que más parecen mítines de campaña electoral que actos en el Legislativo. Los dos principales protagonistas políticos del país tienen que entenderse en cuestiones básicas, el líder de la oposición tiene que ser llamado a La Moncloa, debatir los grandes consensos y dejar la sal gorda, las invectivas y las acusaciones infundadas para la batalla mitinera, o ni siquiera para eso. NO, Feijoo NO puede prolongar esta forma de oposición, incluyendo su negativa a reformar el Consejo del Poder Judicial, y Sánchez NO puede seguir haciendo de oposición a la oposición, mientras aprovecha el BOE para dictar medidas que puede que estén bien -elevación del salario mínimo, a mi juicio--, pero que ahora tienen un tinte claramente oportunista y electoralista-.

NO a las sorpresas, a las cosas sin explicar -el viraje español sobre el Sahara, Pegasus, el alcance real de las conversaciones con Esquerra--, NO a la inseguridad jurídica, NO a las trabas a la separación de poderes. NO a tantas cosas que no cabrían en los límites espaciales de este comentario. Nos duele, definitivamente, que el nuestro sea un país en el que hay que decir NO a tanto y, en cambio, un SI entusiasta a tan poco. Alguien ha de pensar en que el NO es NO es destructivo por principio, que la negación es forma de evasión de una realidad que nos disgusta, de alejamiento definitivo del pueblo respecto de quien toma las decisiones. NO, de ninguna forma quiero que los meses que nos vienen hasta las elecciones discurran como vienen haciéndolo. Hay que cambiar el país del ceño por el de las sonrisas; ese es el país al que a mí me gustaría votar y NO a este que nos trazan.

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