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Cita en Sevilla

Cita en Sevilla

Mañana sábado, el PSOE se ha citado en la capital hispalenses. Tener 140 años de historia es para celebrarlo, lo que no significa que con tanta historia a la espalda no haya tenido sus agujeros negros y protagonizado hechos poco o nada edificantes.





Solo los recién nacidos, los que nunca han asumido responsabilidades, no tienen errores a sus espaldas. Por no tener pueden no tener ni recuerdos.

Los que tenemos memoria tenemos la suerte --a veces la desgracia-- de tener recuerdos y el recuerdo más inmediato del PSOE, al menos para los que hemos vivido la transición, es un recuerdo positivo. La incontestable e irrepetible mayoría más que absoluta lograda por Felipe González fue acogida por muchos con preocupación e incluso con miedo. Sin embargo fueron los gobiernos de Felipe González la prueba viva de que España quería la democracia, que pudo más el deseo de cambio que cualquier retroceso. Ese triunfo apuntaló la democracia y ese joven sevillano, con gusto por la pana, supo leer lo que deseaba y lo que necesitaba la sociedad española.

Era el PSOE de Felipe González un partido tan vivo como disciplinado y que tuvo la inteligencia política de no generar división en la sociedad. Había discrepancias y sesiones broncas en el Congreso pero no hubo banderías. El PSOE de aquellos años modernizó España y nos llevó a Europa. De manera deliberada no entró en los errores porque huyo de las lecturas tremendistas y de brocha gorda del pasado porque aquel PSOE colocó a España en el futuro.

Nada más natural que la celebración de mañana pero no va a ser una celebración alegre. Y no lo va a ser, no porque haya ausencias que no deberían producirse como es la de los barones que tendrán un acto --eso dicen-- con el jefe del Ejecutivo en Madrid. No va a ser una celebración alegre porque no es difícil detectar una ruptura emocional entre los que fueron y los que son. Para percibirlo basta hablar con los que están y con los que fueron.

No solamente se trata de una lógica distancia generacional. No es eso. La distancia es sideral, tan sideral que el PSOE de hoy se parece como un huevo a una castaña al PSOE de ayer. Sigue siendo un partido fuerte porque continúa teniendo una militancia leal y está presente en toda España, pero no hay liderazgo, hay cesarismo encarnado en Pedro Sánchez con el permiso y la aquiescencia incluso de aquellos que aún estando en el PSOE, piensan y dicen bajito que "así no vamos a ninguna parte".

El actual es un nuevo PSOE que gobierna en la actualidad y que no está escrito en ningún sitio, pese a las encuestas, que no pueda volver a hacerlo. Pero si no revalida gobierno será el llanto y crujir de dientes y más de uno está a la espera de ese momento. "Habra que resetear el partido de arriba a abajo", asegura uno de los barones que, junto con otros compañeros y por problemas de agenda o transporte, no estarán en Sevilla.

No es necesario ser socialista para tener un vínculo emocional con el PSOE de Felipe González. Basta con haber vivido aquellos años que muchos desprecian creyendo que con ellos ha llegado la libertad, la democracia e incluso la sanidad pública. Ese vínculo emocional es difícil por no decir imposible con el actual PSOE que para quienes tenemos algunos años nos resulta irreconocible. Pero, bueno, ya lo dijo Adriana Lastra: "Ahora nos toca a nosotros".