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The Black Crowes vuelven a agitar Madrid, el nido más grande de su gira

The Black Crowes vuelven a agitar Madrid, el nido más grande de su gira





Con la revisitación del emblemático disco "Shake Your Money Maker" en el Wizink Center ante 10.000 personas, The Black Crowes han devuelto hoy a su nido de fieles de Madrid la fe en ese rock polvoriento, rodado en vías soleadas y cantinas adyacentes, además de intemporal, aunque con él marcaran una época muy concreta.

Corría 1990 cuando esta banda de Atlanta, fundada unos años antes con otro nombre (Mr. Crowe's Garden, por un libro infantil) publicó su álbum de debut con un pie puesto en artistas coetáneos como sus paisanos de R.E.M. y, sobre todo, otro en los artesanos del "blues" que forjaron los moldes del sonido sureño entre la década de los 60 y los 70.

Llegaron a venderse más de 5 millones de copias de ese trabajo que los coronó como una de las esperanzas del rock poco antes de la eclosión del "grunge". Fieles a su estilo, perduraron más que aquella sacudida revolucionaria para publicar 7 discos más hasta "Before the Frost...Until the Freeze" (2009) y consiguieron resucitar el proyecto tras dos desbandadas oficiales, la última entre 2015 y 2019.

Más fénix que cuervos, ante su tercera vida The Black Crowes se propusieron conmemorar el trigésimo aniversario de su primer álbum con una gira mundial que se topó con la pandemia y tres aplazamientos hasta que esta noche por fin han anidado en Madrid, tras su paso previo por Barcelona, para volver a agitar uno por uno los diez cortes del disco y alguna que otra sorpresa.

SU CONCIERTO MÁS MULTITUDINARIO

Con un repertorio tan accesible y popular, y teniendo en cuenta que no pisaban suelo madrileño desde su última visita en 1999 a Festimad, no ha sorprendido que terminaran completando el aforo previsto, el mayor de toda esta gira por Europa según datos de la promotora, probablemente también a nivel global.

Era esta otra cita del antiguo Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid con la nostalgia, de ahí las canas de la mayoría de los efusivos seguidores de este grupo que esta noche, como hace 30 años, han vuelto a vestir sus camisetas con los icónicos cuervos negros que les sirven de mascota.

Puntualísimo, a las 21 horas se ha abierto el bar de carretera que acoge la gira, con su barra al fondo y una jukebox iluminada que ha empezado a amenizar la velada con el clásico de Elmore James que daba título a "Shake Your Money Maker" (algo así como "agita tu máquina de hacer dinero", en español).

Los eventuales parroquianos de este garito han ocupado entonces sus puestos en el escenario para conformar un sexteto con dos coristas, Chris y Rich Robinson al frente, y así abordar el primero de los cortes del álbum, "Twice As Hard", con una fiereza presente y viva, nada deudora de vagos recuerdos.

A favor del embrujo ha jugado un papel importante Chris Robinson en su ejercicio de roquero carismático, con sus bailes a lo Jagger, enfundado en un brillante traje negro y con sombrero, con la voz curtida pero aún vigorosa, dúctil en muchos momentos, como al interpretar la balada "Sister Luck" tras "Jealous Again".

Del final infinitamente ascendente de "Seeing things", una levitación góspel recompensada con aplausos, el grupo ha pasado al primer gran clímax, la versión del tema de Otis Redding "Hard To Handle", que se ha confirmado en todos estos años como su tema de mayor pegada y al que el público asistente ha sumado su voz para convertirlo en una comunión espiritual.

Una lástima que el sonido ha jugado malas pasadas en algún momento que otro, con un molesto crepitar en los altavoces y, en "She Talks to Angels", con una mezcla saturada y acoples que han ensuciado el efecto catártico que se pretendía conseguir.

Al margen de eso, las cuerdas eléctricas se han desbordado con los últimos temas del álbum, "Struttin' Blues" y "Stare it Cold", antes de volar a otros pasajes de su historia en un tramo que varía de concierto a concierto y que en Madrid ha incluido "No Speak No Slave" y "Papa Was a Rolling Stone", reinterpretación del original de The Temptations.

Al pasar por "Wiser Time" y "Thorn In My Pride", quizás su gusto por los largos pasajes instrumentales ha dispersado algo de la gran carga de energía acumulada en el arraque, aunque han reconducido a tiempo el final con "Sting Me" y "Remedy", otro de sus grandes éxitos, y, ya en tiempo de bises tras 100 minutos de guitarreo vivificador, con "Rocks Off" de The Rolling Stones.