fbpx

Corridas de Toros en Madrid

Corridas de Toros en Madrid

Cuando se trata de España, lo primero que viene a la mente de muchos extranjeros es la tauromaquia. Las raíces de la tauromaquia se remontan a siglos atrás, dos milenios antes del nacimiento de Cristo, y están asociadas a los antiguos juegos rituales indios. 

El culto al toro también se encontraba entre los pueblos que habitaban Creta y los fenicios. No es de extrañar que los pueblos mediterráneos, con su tradicional admiración por el coraje y afición por el ritual, hayan convertido los antiguos ritos en algo que es a la vez un deporte y un arte, pero que conserva sus raíces espirituales. 

Las corridas de toros están llenas de un profundo significado simbólico. Para un torero, un toro adquiere las características de un demonio durante una corrida de toros, y la lucha contra él es similar a la lucha entre un santo y el diablo, que tienta y trata de destruir el alma. Quizás por eso todos los toreros son muy supersticiosos. 

Tras la cancelación de las corridas de toros en Cataluña desde 2012, el mejor toreo se puede ver en Madrid y Sevilla. La plaza de toros de Las Ventas de Madrid es la de mayor tamaño y trascendencia. Las Ventas debe su nombre a la manzana en la que se encuentra. 

La construcción comenzó en 1922, y la inauguración tuvo lugar en 1931. El autor del proyecto fue el arquitecto José Espeliu, fallecido en 1928; murió sin ver la finalización de la construcción. El proyecto lo completó Manuel Muñoz Monasterio, también conocido como el creador del estadio de Madrid, el Santiago Bernabeu. 

Desde el exterior del edificio de Las Ventas se pueden contemplar diversas estatuas y otras esculturas dedicadas a figuras tan destacadas del toreo como Luis Dominguín y Antonio Bienvenida. También hay un busto de Fleming, quien descubrió la penicilina, que salvó la vida de muchos toreros.

La corrida comienza con un desfile de participantes brillantemente vestidos: el torero es el personaje principal, le acompañan banderilleros y un picador a caballo. En el primer acto de la corrida, el picador enfurece al toro con pinchazos de lanza, y el torero provoca al animal con su capote, esquivando con gracia los ataques de los cuernos. 

En el segundo acto, los banderilleros deben clavar hábilmente la espalda del toro durante sus embestidas al torero, dos banderillas cada uno. El tercer y último acto es ya un duelo mano a mano entre el matador y el toro, el más peligroso e impactante. 

En el epílogo, según la forma en que el torero llevó a cabo la corrida, según la tradición, es recompensado con una o dos orejas y, a veces, con el rabo de un toro derrotado. Para el público, la corrida de toros no es sólo un espectáculo. El duelo de un hombre y un animal, poderoso y bello, orgulloso y valiente, está fuertemente asociado a la historia del pueblo. Tanto el torero como el toro personifican el carácter del español. Su lucha infunde en el espectador coraje, resiliencia, la capacidad de ganar en las circunstancias más difíciles de la vida.