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Yolanda, escucha

Yolanda, escucha

Yolanda Díaz, hay que admitirlo, lo está haciendo bastante bien en el Gobierno, sin las estridencias de sus compañeras (relativamente) de Unidas Podemos en el Ejecutivo, manteniendo cautelas en los grandes temas de Estado, esté o no de acuerdo, y procurando convencernos de la transversalidad de su proyecto 'Sumar', que este viernes da el pistoletazo de salida la verdad es que no se sabe muy bien hacia dónde.





La operación política, a la que daré en llamar 'Melenchon a la gallega', puede salir bien, como en Francia, o ser uno más de los intentos interesantes que han jalonado el panorama para regenerar algo el secarral político español y que, sin embargo, a la postre quedaron en nada.

Díaz tiene que distanciarse visiblemente de su mentor, Pablo Iglesias, una figura política y creo que humanamente desprestigiada, que ha cometido errores solo equiparables a los de Albert Rivera, el otro líder, aunque este centrista, nacido en 2014 para romper el bipartidismo, obviamente sin lograrlo. Es mucha el agua que ha corrido desde entonces bajo los puentes, hasta el punto de que solamente Pedro Sánchez sobrevive a los últimos cuatro años en la trepidante política española. La irrupción de Vox, los radicales cambios en el PP y el 'fenómeno Yolanda Díaz' han sido, desde entonces, los hitos novedosos que hemos encontrado en el camino.

Ignoro, en la víspera de que se presente Sumar, con qué grado de éxito partirá la sindicalista Díaz, que me recuerda a algunos 'comunistas elegantes' con los que un día lejano participé en política y que acabaron casi todos en el área del PSOE. Que no digo yo que este vaya a ser el caso, desde luego; solamente digo que el PSOE, el partido más antiguo de España y, pese a sus deficiencias de liderazgo (Lastra, Cerdán), quizá el mejor organizado, ha salido incólume de enormes rupturas, como las de González y Guerra, Rubalcaba y Chacón y, desde luego, la de Sánchez con Susana Díaz, por no remontarnos a tiempos más lejanos e irnos a Prieto y Largo Caballero.

Quiero decir, analizando encuestas y conociendo bastante bien el terreno del que hablo, que puede que los socialistas pierdan -desde luego, sin unidas Podemos; con ellos sería peor_las próximas elecciones, que salgan destrozados de las autonómicas y municipales de mayo, pero que difícilmente le ocurrirá al PSOE lo que a sus correligionarios francés, italiano o griego. No parece que vaya a desaparecer, ni mucho menos.

Así que Yolanda Díaz habrá de acostumbrarse, creo, a ser más un complemento que una alternativa, más un 'pepito grillo' crítico, que trata de impulsar reformas más profundas en el cuerpo social, que un verdadero partido de gobierno. Para eso, por mucho Macron que me quieran poner de ejemplo contrario, se necesitan muchos militantes, mucha implantación territorial (sedes) y, si no ciento cuarenta años de historia, sí, al menos, un par de décadas de recorrido y experiencia. Me parece que una plataforma amplia, tipo Melenchon, donde quepan sindicalistas, ecologistas, incluso organizaciones sociales de todo tipo, además de independientes, es una solución temporal mucho más viable. A partir de ahí, quién sabe.

Como ciudadano, como periodista, doy, en todo caso, la bienvenida a quien acude al barrizal con la pretensión de sanearlo, a quien irrumpe en el vano estruendo con el propósito de lanzar mensajes creativos (que aún, por cierto, desconocemos). La impresión es que, producida una cierta catarsis en la derecha, la izquierda española necesita repensarse, meditar qué es lo que va a ofrecer (y cumplir) a los ciudadanos. Yolanda Díaz tiene una limpia trayectoria, aunque algunos, interesadamente, quieran ensuciarla; puede aliarse con unas pocas gentes al menos meritorias y creo que sabe de quién tiene que huir. Ya es algo.

Sospecho que no le queda mucho tiempo ya en el Gobierno, entre otras cosas porque ha de separarse de los errores que van cometiendo algunos en el círculo íntimo del 'sanchismo'. Se coincida o no --y ¿por qué no?-- con un proyecto de momento tan poco concreto como este, pienso que hay que desear suerte a quien quiere hacer algo honradamente nuevo, sea eso lo que sea, que aún, por cierto, no lo sabemos. Pero dice al menos que quiere escuchar 'a la gente', que es cosa novedosa que aquí nadie hace.