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“El comensal”, los secretos y las heridas que deja ETA

“El comensal”, los secretos y las heridas que deja ETA

Catorce años después, Ángeles González-Sinde se reencuentra con el cine para dirigir “El comensal”, una historia basada en hechos reales que narra las secuelas que atraviesa una familia tras ser golpeada por el terrorismo de ETA.

“Es un relato que va a ayudar a cerrar heridas del pasado que aún siguen abiertas”, detalla.

“La película habla de una relación familiar, de cómo reconstruirse después de una perdida y de las diferentes maneras de abordar la historia familiar”, cuenta la directora sobre su nuevo proyecto.

En su anterior trabajo, González-Sinde adaptó un libro de Elvira Lindo, en este nuevo proyecto bebe de la novela autobiográfica homónima de Gabriela Ybarra, uno de los fenómenos literarios de 2015.

En él, la autora cuenta la historia de su familia a través de dos tragedias: el secuestro y asesinato en 1977 de su abuelo, el empresario Javier de Ybarra, a manos de ETA, y la muerte de su madre a causa de un cáncer fulminante.

“En cuanto leí el libro quise hacer una película sobre ello. Me encantaba cómo estaban de bien contados los sentimientos y que son tan difíciles de expresar en ocasiones. Me gustó la manera en la que detalla ese enorme proceso de cambio que pasa una persona al afrontar un duelo”, detalla.

El proyecto han tardado siete en llegar a la gran pantalla. La trama -en el guión trabajaron conjuntamente cineasta y escritora-, proponen dos maneras diferentes de afrontar el dolor. Uno, desde el silencio, esperando que el tiempo cure las heridas y otro enfrentándose con las fracturas emocionales del pasado.

Iciar (Susana Abaitua) y Fernando (Fernando Oyagüez), son dos jóvenes que atraviesan la experiencia más traumática de sus breves vidas: la pérdida de uno de los progenitores. Ambos viven épocas distintas. Fernando, en 1977 en Bilbao, se enfrenta al secuestro de su padre por parte de ETA. Iciar, en 2011 en Navarra, afronta el cáncer fulminante de su madre Adela (Adriana Ozores).

La inesperada pérdida de Iciar hace que tome conciencia del trágico secuestro y asesinato de su abuelo, al que nunca conoció, a manos de ETA en 1977. Ante la negativa de su padre (Ginés García Millán) de hablar del asunto, ésta se embarca por su cuenta en una reconstrucción de los tensos días del secuestro.

Gracias a su esfuerzo por sacar a la luz la memoria familiar, su padre y ella se reencontrarán en una nueva manera de mirar al pasado para vivir el futuro.

“Lo que pasa es que los recuerdos no están sólo en la palabra o en el pensamiento. Los recuerdos están en una energía que vive la familia. Éstos pueden pasar de padres a hijos, y puede que el pequeño de la casa no se entere (en principio), pero te puedo asegurar que tarde o temprano, ese secreto acabará marcando su vida”, dice Ozores.

El filme reivindica que se aborden los procesos de duelo vinculados con la sombra de ETA, porque, según cree su directora, ha llegado el tiempo de ello.

“La gente que fue víctima de ETA necesitaba un duelo, hacía falta un silencio. Antes no se podía hablar o hacer ficción de estos temas, era más complicado. Ahora que la tensión ha bajado, hace que podamos expresar lo que hemos vivido y generar debate sobre ello”, señala la actriz Susana Abaitua, que da vida a Iciar.

En este sentido, Ybarra agradece a las personas el que dejen contar sus historias que les afectan, como es el caso de su propia familia. “La primera vez que vi la película lloré un montón, desde casi el comienzo a los créditos, pero hay personas en mi familia que igual necesitan mas tiempo para poder verla”, explica.

Silvia García Herráez