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Los viñedos sufren "estrés importante" por el calor y la erosión de suelo

Los viñedos sufren

Los viñedos están sufriendo un "estrés importante" por el ascenso de temperaturas, ante lo que las bodegas buscan tierras más altas para los cultivos afectados por el calor, fenómeno que afecta al suelo de labranza, la fruta, la elaboración y la maduración de los caldos.

Expertos consultados explican diferentes técnicas y métodos que están adoptando los enólogos y las bodegas para afrontar el calor, cómo paliar la erosión del suelo y cómo mejorar las condiciones climáticas para elaborar los vinos, en el marco de la IV Gala Solidaria Espíritu Ribera que el próximo 31 de mayo organiza el Consejo Regulador de Ribera del Duero en colaboración con WWF.

Bajo el lema ‘Un brindis por el aire que respiramos’, el evento, abierto al público, recaudará fondos para que la ONG “invierta en la conservación del patrimonio natural”, según el Consejo Regulador, organismo responsable de velar por la autenticidad de los vinos de la región de Castilla y León, del que forman parte 300 bodegas situadas en la cuenca del río Duero.

El técnico del Programa de Alimentos de WWF España, Felipe Fuentelsaz, explica que el viñedo -al igual que el cereal- ha sido tradicionalmente un cultivo de secano adaptado a las condiciones climáticas con variedades locales, pero, como muchos otros cultivos, ha cambiado, se ha intensificado, transformándose en muchas zonas de España en cultivos de regadío y con variedades diferentes y provocando cada vez más dependencia de recursos naturales como el agua.

Y, a pesar de que en España se mantienen aún muchos cultivos tradicionales de viñedo, "el cambio climático está afectando a todos, con un aumento de temperatura que en ciertas zonas es de hasta dos grados".

El viñedo como tal "está sufriendo un estrés importante" debido a la alta temperatura y en zonas de riego está sufriendo un fuerte impacto por falta de agua, porque las consecuencias del cambio climático no solo van en relación con la temperatura, sino también con menor disponibilidad de agua.

No obstante, subraya el técnico de WWF, el viñedo de secano está más adaptado a estas circunstancias, pero también depende solo del agua de lluvia, un recurso que también es cada vez más escaso por el cambio climático, "por lo que es un sector que también está sufriendo consecuencias".

Las consecuencias directas sobre las uvas es que tienen sobremaduración y hay ciertas bodegas que están notando efectos en el nivel de alcohol del vino, que a efectos de calidad y de mercado también tiene una complejidad.

El responsable del Servicio de Experimentación del Consejo Regulador de Ribera del Duero, Alberto Tobes, explica que el viñedo es un cultivo plurianual, perenne, que "se planta para muchos años, por lo que los viñedos más antiguos son los más valorados y mejor uva dan, porque dan menos producción y están mejor adaptados a la climatología, al terreno y la zona".

Ahora mismo, sostiene, con las condiciones del clima, el viñedo más joven ya está brotando; sin embargo, el más maduro está aguantando gracias a la "memoria de adaptación previa", porque "sabe que puede aún pueden venir fríos". Por ello, dice Tobes, "el viñedo hay que plantarlo con miras a 70, 80 o 100 años, que será cuando de buenas uvas".

Sostiene que para ayudar a las plantas a adaptarse al cambio climático, cuando el cultivo tiene ya una parte leñosa se puede amortiguar con labores de cultivo, es decir, con la poda, dejando más o menos vegetación.

No obstante, ante el anuncio de que el cambio climático irá en aumento, "las bodegas están buscando suelos más pobres que ayuden a retrasar el brote de la planta o subiendo la altura sobre el nivel del mar", es decir, en zonas más altas, y alejándose de las riberas del Duero, yéndose hacia los extremos de la denominación de origen, hacia los páramos o las vegas. Porque, "por cada 100-150 metros sobre el nivel del mar, la temperatura media baja un grado".

Además, ante el déficit de precipitaciones, es necesario buscar suelos profundos, para que el viñedo pueda captar agua de las partes más bajas, porque las plantas de uva pueden tener raíces a entre uno y dos metros de profundidad.

El ingeniero, consultor y jurado de vinos Luis Aguilar Pryde señala que el ascenso de la temperatura "puede ser beneficiosa o perjudicial para la elaboración del vino" dependiendo del lugar del mundo. Si los viñedos están en una zona muy fría, el calor viene bien porque las uvas necesitan madurez, sobre todo en años frescos, una situación más común en el norte de Francia o sur de Inglaterra.

En zonas más cálidas como España, Portugal o Australia, el ascenso de temperatura es un problema, pero también la falta de precipitaciones, que provoca un nivel de azúcar muy alto en la uva, a pesar de que la piel de la fruta es muy verde.

Esto deriva "en vinos más ásperos, con mucho alcohol, pero con problemas de madurez precipitada", concluye.