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Expertos en Derecho Canónico participan por primera vez en un evento con abogados de Madrid, Granada y Tenerife

Expertos en Derecho Canónico participan por primera vez en un evento con abogados de Madrid, Granada y Tenerife

Las fricciones entre la libertad de expresión y la libertad religiosa han centrado los debates en el arranque del I Congreso de Derecho Canónico, celebrado este jueves en la sede del Colegio de la Abogacía de Madrid con la colaboración de los Colegios de Abogados de Granada y Santa Cruz de Tenerife, ha informado el ICAM en un comunicado.

En la sesión inaugural, los decanos José María Alonso, Leandro Cabrera y José Manuel Niederleytner han puesto en valor el esfuerzo compartido por las tres corporaciones para llevar a cabo una jornada histórica y con vocación de continuidad.

Tras ello, el catedrático de Derecho Eclesiástico Javier Martínez Torrón ha impartido una conferencia magistral sobre la posible colisión del derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos e ideas --contemplado en el artículo 20 de la Constitución-- y el ejercicio de la libertad religiosa y de culto recogido en el artículo 16 de la Constitución.

Según este experto, para abordar estas tensiones es necesario distinguir entre los ataques a las personas y los ataques a las ideas, no confundir los sentimientos con la reputación, combatir el discurso de odio sin abusar ni inflar excesivamente el concepto o determinar la naturaleza pública o privada de los medios utilizados para expresarse.

Todo ello, apunta el docente de la Universidad Complutense de Madrid, sin perder de vista la limitada función del derecho para resolver este tipo de conflictos y la importancia de la educación para prevenirlos.

DERECHO A LA GROSERÍA

En un contexto de creciente polarización, el jurista diferencia dos maneras en las que la agresión verbal se materializa en el ámbito de la libertad religiosa.

Por un lado, el discurso de carácter antirreligioso, y por otro el discurso de origen religioso que puede resultar ofensivo para personas con sensibilidades distintas, en particular cuando tiene que ver con la orientación o la autodefinición sexual de las personas.

Sin embargo, a pesar de las limitaciones que, en base a una ponderación razonable y equilibrada a partir del concepto de necesidad, impiden un ejercicio absoluto de este derecho, "la libertad de expresión implica el derecho de ofender a otras personas", afirma este experto, recordando que en el ejercicio de las libertades democráticas "hay un margen para la grosería".