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Vox, entre aspavientos

Vox, entre aspavientos

No me imagino a Alfonso Fernández Mañueco apadrinando una cruzada recentralizadora ni a Feijóo permitiéndolo sólo por garantizarse el favor de sus socios ultraderechistas en el gobierno de la Junta de Castilla y León.

Dicho sea en los mismos términos si hemos de referirnos a un supuesto cuestionamiento de la Ley de Violencia de Género o la normativa nacional sobre la llamada "Memoria Histórica", más allá del léxico utilizado para colar las reaccionarias propuestas de Vox.

Sin embargo, el proceso de intenciones que sus adversarios endosan al reelegido presidente regional no se para en matices. Ya han convertido a Mañueco en "caballo de troya" de la ultraderecha. Con tal grado de convencimiento que han generado una innecesaria reacción del PP, muy a la defensiva, como si efectivamente tuviera que hacerse perdonar haber hecho por la derecha lo que el PSOE hubiera hecho por la izquierda si la aritmética le hubiera acompañado.

El nuevo líder del PP, Núñez Feijóo, parece estar valorando todavía si le conviene o no le conviene asistir a la toma de posesión de Mañueco, el próximo martes 19. Como si su ausencia o su presencia en el acto fueran los grandes delatores de su proyecto político. O sea, por aquello de no salir en la foto con el desacomplejado líder nacional de Vox, Santiago Abascal, que, este sí, estará en el acto con toda seguridad.

El debate en torno al pacto en CyL me parece un despropósito. Demasiados aspavientos. Si no arde Francia porque la ultraderechista Le Pen ya sea una aspirante creíble a la presidencia de la República, no se entiende la sobreactuación de los actores políticos que se rasgan las vestiduras por la entrada de Vox en un Gobierno Regional.

Para empezar, sorprende el apagón que se ha producido en la llamada cultura del pacto, como elemento de estabilidad. Y para seguir, no podemos ignorar el hecho de que este acontecimiento, que acapara la atención de los circuitos políticos y mediáticos del país, solo afecta a un territorio con menos del 5% de la población española.

La valoración de lo ocurrido en base a la simetría de los razonamientos en materia de pactos políticos nos remite a las consabidas dificultades de Pedro Sánchez para conciliar el sueño si las circunstancias le llevaban a pactar con los enemigos del Estado, ¿recuerdan?

Si el de Moncloa ha podido dormir tranquilo preservando la gobernabilidad y trabajando por mejorar las condiciones de vida de la gente, teniendo a la izquierda de la cama a un partido que reniega de la Constitución, el rey y el concepto de soberanía nacional única, no es justo negarle a Mañueco la capacidad de vencer el insomnio mejorando las condiciones de vida de castellanos y leoneses, teniendo a la derecha de la cama a un partido que reniega de Europa, las autonomías y los avances en materia de derechos humanos.