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Mentiras públicas, verdades muertas

Mentiras públicas, verdades muertas

La mentira forma parte del comportamiento humano. Y cuanto más resabiado es el público, más fácil es que le mientan. Ahora que parece que la información fluye "transparente" desde cualquier lugar y por infinidad de medios, la mentira campa a sus anchas.

Las plataformas de desinformación funcionan con rigor y se manejan desde núcleos ocultos de influencia y poder que buscan que la mentira rompa la convivencia y cree un espacio de desconfianza. Mentir se ha convertido en un arma para el conflicto y el conflicto domina el flujo de la información. Ya decía Antonio Machado que "se miente más de la cuenta/ por falta de fantasía:/ también la verdad se inventa". Tenemos maestros en eso de inventar una verdad y hacer que nos la creamos y en mentir, que no es más que falsificar la verdad. "Hay hombres cuya conduta es una mentira continua", decía el barón de Holbach, y la historia pasada y presente nunca le han desmentido.

El exvicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias ha manifestado que "yo ya no soy político, puedo decir la verdad" y esa misma afirmación se inicia con la mentira de que ya no es político y nos suscita la duda más que razonable de que "ahora" vaya a decir la verdad. (Por cierto, también se ha conocido por un error suyo en las redes sociales, que ha dispuesto de la encuesta del CIS sobre las próximas elecciones en Castilla y León antes de que ésta se hiciera pública, asunto que no es baladí y que debería ser explicado). No cabe duda de que los políticos, sean de la ideología que sean, mienten con desfachatez si eso les beneficia y ocultan la verdad siempre que les perjudica, lo cual también suele ser frecuente. Y como los ciudadanos generalmente se informan por canales, siempre pocos, con los que coinciden ideológicamente, las mentiras tienen un recorrido mucho más largo de lo deseable.

Dice José Ramón Recuero, abogado del Estado, que "la negación de la verdad es el problema central de nuestro tiempo ya que tal relativismo respecto a lo que es o no es (incluido lo que es o no bueno o malo) lleva a concluir que todo está permitido, incluso para el poder, también para el democráticamente elegido, resultando así que los que lo ostentan se convierten en un amo que hace lo que quiere y nosotros somos sus siervos". Y como hay demasiada gente dispuesta a aceptar la medida impuesta por los que mandan y a vivir cómodos en el engaño, la mentira se convierte en verdad oficial.

Nos mienten con fotografías prefabricadas cuando nos dicen que el presidente Sánchez "sigue pegado al teléfono" la crisis de Ucrania y el presidente Biden le excluye de sus contactos telefónicos. Nos miente la portavoz del gobierno cuando habla del "liderazgo" sideral del presidente en esta cuestión -¿se acuerdan de Bibiana Aido? - y ni siquiera llama al líder de la oposición para informarle y pedir su apoyo. Cuando en una entrevista en Onda Cero el actual secretario del PSOE andaluz manifestaba su acuerdo con una decisión del Gobierno socialista, el entrevistador le dijo: "pero si su partido hubiera defendido lo contrario, usted también hubiera dicho que estaba de acuerdo". "Por supuesto", respondió el político. El sectarismo pervierte el debate político. Pero no miente solo la izquierda. La mentira, la sobreactuación y la hipocresía en política son patrimonio de todos. Y en las guerras, como las de Vietnam, Libia, Afganistán y ahora Ucrania, lo primero que muere es la verdad.