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El laberinto del presidente

El laberinto del presidente

Precio de la factura eléctrica, suministro de gas desde Argelia, inflación disparada y como alivio, el descenso del paro que, objetivamente, es una buena noticia. Podrían añadirse otras circunstancias pero, sin duda, el gran tema son las discrepancias en el seno del Gobierno de coalición.

Por mucha atención que se ponga a la sucesión de declaraciones y posicionamientos es difícil entender que a estas alturas, y después de siete meses de negociaciones, todo índique que se vuelve al principio porque a día de hoy no existe un acuerdo sellado.

El Presidente arrancó grandes aplausos en el Congreso de Valencia cuando reiteró que derogaría la reforma laboral del PP. No habló ni de modernización, ni de equilibrio. No, dijo expresamente "derogación" con el paso de los días y salvo la ministra de Trabajo, Yolanda Diaz, se ha modificado el lenguaje y ya ni un sólo socialista se retrotrae a lo dicho en Valencia por el Presidente. Con astucia y sin faltar a la verdad, la ministra de Trabajo lo ha recordado

El martes, el jefe de Gobierno reúne en su despacho a las dos mujeres más importantes del Gabinete y lo hace después de que la ministra de Trabajo emplazara a Sanchez a que fuera él quien liderará la derogación. Todo un órdago a un Presidente que, como estaba previsto, pese al misterio infantil al que nos han sometido los grupos de la mayoría de investidura, saca adelante los Presupuestos.

Pero aún así, el Presidente se encuentra en un auténtico laberinto. Tiene sobre sus espaldas la responsabilidad de tomar decisiones que pueden ser arriesgadas. Va a llegar fin de año y no se hará verdad que la factura de la luz sea similar a la de 2018. Antes tendrá que resolver la herida profunda que ha generado en la coalición la polémica sobre la reforma laboral, que no es cosa pequeña y en medio de todo esto, verse sometido a las exigencias de los grupos que le apoyan y, desde luego, a las salidas impropias de un miembro del gabinete como la que tuvo Ione Belarra arremetiendo contra el TS. La táctica es no responder, minimizar las discrepancias, hacer como si nada ocurriera, pero ocurre. Y ocurre que las tensiones que destila el Ejecutivo le debilitan y los grupos de la investidura lo saben y de ahí que expriman hasta el último minuto su estrategia de mantener la tensión sobre el apoyo a los Presupuestos cuando era sabido de antemano que ni PNV ni ERC iban a hacer la faena de que el Ejecutivo se viera obligado a devolver el proyecto de cuentas públicas.

Hay que añadir ese susurro que no trasciende, pero que existe y es el protagonismo y fulgor de Yolanda Diaz, más peligrosa, en términos electorales, para el PSOE que el mismísimo Pablo Iglesias. El PSOE no se puede permitir el lujo de que Yolanda Diaz fracase en su intento de plataforma transversal porque les será necesaria para volver a gobernar, pero, al mismo tiempo, no pueden asumir el eventual riesgo de que la ministra de Trabajo logre unos resultados que hagan un roto a las expectativas socialistas.

El Presidente se encuentra en un auténtico laberinto pero no duden de que encontrará la puerta de salida, entre otras razones porque sus socios, por mucho que griten, no le van a fallar. A los hechos me remito.