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Eduardo Paniagua: “Las cantigas son una especie de cofre de monedas de oro”

Eduardo Paniagua: “Las cantigas son una especie de cofre de monedas de oro”

“Las cantigas son una especie de cofre de monedas de oro que a veces está cerrado y que nunca han visto la luz: hay que sacar la moneda, limpiarla, darle brillo y ver que es una preciosidad, cantiga tras cantiga”, cuenta Paniagua.

Su interés y especialización en la música española medieval comenzó en los años 60, “muy jovencito, de crío todavía”, inspirado por su hermano mayor, Gregorio Paniagua, fundador del grupo Atrium Musicae y “pionero de la música histórica, y sobre todo de música medieval”.

“Ahí a uno le entra una especie de veneno o elixir que le envicia; es todo un poco autodidacta, porque en los conservatorios no se estudia salterio, ni cítolas ni trombas marinas”, señala.

Tras su participación en el propio Atrium Musicae y la fundación de otras formaciones como Cálamus, Música Antigua e Ibn Báya, Paniagua fundó su propio sello discográfico, Pneuma, y se hizo “la extraña promesa de abordar la grabación integral de las Cantigas”, de las que ya ha compilado 70 horas de música en 54 discos.

El último, recién publicado, es ‘Cantigas del Este de Francia de Alfonso X El Sabio: Provenza y Auvernia’, que recoge cantigas “dedicadas a loores o a milagros de la Virgen María cuyos santuarios, monasterios o lugares están en estas localizaciones”, indica Paniagua.

“Las cantigas tienen mucho que ver con la historia, con la cultura en general: estos milagros de la Virgen le suceden a la gente más tranquila, gente con milagros también personales, con problemas familiares, de curaciones de enfermedades, de amores imposibles o de incluso amores un poco escandalosos”, añade.

El literario es solo uno de los aspectos que explican el valor artístico, cultural e histórico de las cantigas. “Los códices de las cantigas son riquísimos en miniaturas, narran de forma visual, como un cómic, en paralelo al texto que se canta: en ese sentido es muy audiovisual, muy contemporáneo, tienes las imágenes, tienes la música y tienes la poesía”, señala Paniagua.

Cada disco es “un trabajo de orfebre” que entre otras fases pasa por “imaginar cómo se interpretaron esas cantigas en su época”, y en el que tiene también un papel fundamental un trabajo de años de reconstrucción de instrumentos de la época “a partir lo que se ve en pintura y lo que se ve en piedra en los pórticos de las iglesias góticas y románicas”.

“No sabemos cómo las cantarían, pero sí hay muchos instrumentos musicales dibujados, y con esos mismos instrumentos reconstruidos se le intenta dar una sonoridad fiel a la que sonara en su momento”, explica Paniagua.

Tras conciertos en Estrasburgo, Oporto y Fez, la gira de Eduardo Paniagua recaló el pasado jueves en la Iglesia de Santa María de Alcalá de Henares, donde tiene previstos dos conciertos más los jueves de ésta y de la próxima semana. Madrid y Ciudad Real serán las otras dos localidades en las que hará parada en los meses de octubre y noviembre.

Escritas hace ocho siglos, pero transcritas de forma fidedigna a mediados del siglo XX, las cantigas gozan hoy de “un público joven aficionado a la world music y la música étnica, al que no les resulta tan lejano este tipo de sonidos”, y también otro “que se acerca a esta música porque les interesa la literatura, la historia o el cine, o han estudiado un poco sobre el tema, y lo disfrutan el doble, porque cuantas más ópticas tengas, disfrutas más”.

“Hay quien puede pensar qué me va a decir a mí una melodía del siglo XIII en el siglo XXI, pues resulta que sí que nos dice, sí que nos remueve por dentro, sí que podemos disfrutarla”, dice Paniagua.