La recuperación, ni rápida ni justa

La recuperación, ni rápida ni justa

El presidente del Gobierno está empeñado en hacernos creer que la recuperación de la Economía se está produciendo de una forma rápida y justa. Sánchez asegura que, al contrario de lo que ocurrió con la crisis financiera de 2008, en esta ocasión no se han producido recortes de gasto público, ni el Empleo ha tardado años en revertir sus malas cifras y que en poco más de un año se ha conseguido recuperar el PIB.

Ninguna de las cosas es cierta. Para empezar, en 2008 los recortes duros los llevó a cabo el entonces presidente Rodríguez Zapatero. Nadie olvida que en mayo de 2010 fue al Congreso para anunciar la congelación de las pensiones o el recorte del sueldo de los funcionarios entre otras cosas y que Sánchez entonces diputado votó a favor. También se le olvida al presidente que esa crisis no tuvo nada que ver con la actual, fruto de una pandemia, de un cierre casi total de la economía decidido por el Gobierno y de una falta de reflejos y de gestión que ha impedido salvar muchos negocios y demasiados puestos de trabajo. De hecho, la economía española fue de toda la OCDE la que más cayó en 2020 y que aún hoy intenta, a pesar de las múltiples trabas, sacar un poco la cabeza.

Tampoco la recuperación está siendo justa. El Gobierno nos viene diciendo desde hace meses y meses que nadie iba a quedar atrás. Sin embargo, aún hoy hay más de medio millón de cotizantes en ERTE o en cese de actividad y unos 250.000 empleos públicos creados. Y, lo peor, veremos que pasa con todos ellos en los próximos meses. La realidad es que la tasa de paro de España es el doble de la media europea y el triple de la de algunas economías como la alemana. Pero, además, el Ingreso Mínimo Vital no ha funcionado, los embargos de viviendas han subido un 253%, únicamente se han recuperado el 60% de las empresas perdidas, la energía es más cara que nunca y las ayudas directas que se prometieron y aprobaron en marzo pasado han llegado a cuentagotas y varios miles de millones siguen sin repartirse por la burocracia que acompañaba a su reparto.

El escudo social tan cacareado desde Moncloa no ha sido tal y muchos españoles dudan de que, a pesar de la esperanza que podrían suponer, los miles de millones que podrían venir de Europa se repartan con criterio y sobre todo que se destinen a modernizar la economía española y no a ampliar las redes clientelares de la izquierda de cara a las próximas elecciones, sean cuando sean. Todo ello sin olvidar, como acaba de alertar el Banco de España, la excesiva deuda pública y la vuelta de la indexación al IPC de partidas tan importantes como las pensiones, ahora precisamente que está desbocado y que puede convertirse, ya lo está haciendo, en un auténtico quebradero de cabeza.