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"Con quien viajas": cinco horas de BlaBlaCar para acabar con los prejuicios

"Con quien viajas": cinco horas de BlaBlaCar para acabar con los prejuicios

Nada como un viaje a Murcia en coche para intimar con personas que no conoces de nada; al menos esa es la propuesta de "Con quién viajas", comedia coral con la que debuta el realizador Hugo Martín Cuervo, que elije una teatral puesta en escena para reflexionar sobre las apariencias y los prejuicios.

"Ver cómo etiquetamos a la gente, sobre todo a la que sólo vas a ver un rato, como la que te encuentras en una sala de espera, un autobús o un BlaBlaCar, siempre me había llamado la atención", explica el madrileño en declaraciones días antes del estreno de la cinta en salas, el 10 de septiembre.

Cuando sabes que una persona sólo va a estar cuatro horas en tu vida "la etiquetas rápido", dice Martín Cuervo, pero esa reacción, ese "'ya me quedo tranquilo, porque ya te tengo colocado, lleva a muchos equívocos, a muchos engaños y sorpresas que me apetecía tratar".

Para ello, se vale de la "resistencia" de cuatro actores, Salva Reina, Ana Polvorosa, Pol Monen y Andrea Duro, que no salen de pantalla en la hora y media que dura la cinta.

Son cuatro desconocidos que quedan en el centro de Madrid para ir en BlaBlaCar a Cieza (Murcia); normalmente, los pasajeros charlan de asuntos insustanciales para hacer más agradable el viaje, pero en esta ocasión, Julián, el conductor (Reina), se comporta de forma extraña.

Esta comedia coral, que trascurre todo el tiempo en el interior de un coche, "no arranca como una comedia, sino como un thriller, y el McGuffin es tensión, incertidumbre, incomodidad, qué va a pasar. Y, una vez hecha la estructura de la historia, la salpicamos de momentos que nos permitan reír", explica el director, también guionista.

Pero, en su opinión, lo que la convierte en una "comedia muy poco al uso" es que "no es de un chiste tras otro, que los ves venir (...) las mejores risas de la película se producen en momentos un poco absurdos y un poco ridículos, de nervios, de no saber qué está pasando".

Un humor muy apropiado para Andrea Duro que, según dice, ni tiene gracia ni es "una actriz cómica".

Así, para componer a Elisa, su personaje, Andrea se puso como referente a su hermana, "que es tal cual, así de ingenua", porque ella es "una tía más despierta, más espontánea: mi carácter se aproxima más al del papel de Polvorosa".

Ana, la copiloto, es la más decidida, lidera enseguida y salta a la mínima: no le van las tonterías, y Martín Cuervo necesitaba a Polvorosa "para que llevase el tempo".

Y Reina, no solo cambia su aspecto -"tuvimos tres meses de preparación en los que se dejó el pelo larguísimo y crecer las patillas y las uñas"-, sino que acaba siendo una "especie de psicópata, de esos que nos dan 'miedito'", dice el director.

Salva Reina consigue bordar ese tobogán de pasar de decir algo muy cortante a de repente sonreír, hacer un chiste y, enseguida, algo rarísimo. "No sabes si es un baboso o un torpe...", señala el director, y no dice más, porque el secreto en la trama es fundamental.

"La peli va de no tener prejuicios y en nuestro mundo pasa un poco, que te encasillan y solo se acuerdan de ti para eso", dice Reina sobre esa imagen de actor de género poco (nada) habitual en el malagueño, "Chuky" como le conocen sus amigos.

También está fuera de sus registros habituales Pol Monen, que le ha cogido el gustillo al humor y acaba de rodar en México otra comedia, aliviado de poder "ir cambiando y hacer cosas nuevas", afirma Monen.

A Reina le entusiasma la doble vía de comunicación que establece Martín Cuervo en el guion: la real, de las conversaciones en el coche, y las que mantienen a través de las aplicaciones de sus móviles.

"En el texto nadie da puntada sin hilo", reconoce Martín Cuervo (Madrid, 1987) que fue el director más joven en ganar un Goya, por el corto "Final" (2007); de hecho, la película juega con un nuevo lenguaje, con barbarismos que ni los actores dominaban antes de hacer la película, se ríen los más jóvenes, Duro y Monen, que "han aprendido mucho".

Aunque Andrea agrega que tanto ese lenguaje, o las propias redes sociales, "no deberíamos asociarlas a una generación, porque al final lo bueno que tienen es que se abren y son válidas para todos".

Y al final, unas impagables tomas falsas.