Tropezar con la verdad

Tropezar con la verdad

Muchos españoles están ya de vacaciones y otros las van a disfrutar en las próximas semanas, aunque nada sea igual a las de hace un par de años. Nos merecemos unas vacaciones para descansar y disfrutar, pero, lamentablemente, la quinta ola de la pandemia está limitando las posibilidades reales, está poniendo de nuevo en graves dificultades a muchos sectores, el sanitario y el económico, sobre todo, y está evidenciando que no hay una autoridad sanitaria que sea capaz de prevenir y enfocar adecuadamente la desescalada veraniega.

La culpa o la responsabilidad es de quien decretó hace casi un año que habíamos "vencido al virus" y decidió, antes de este verano, unilateralmente la retirada de las mascarillas; de quien se ha negado a hacer una auditoría externa sobre los aciertos y los errores de la respuesta sanitaria a la pandemia --que prometió Illa-- para aprender y no para criticar; de quien ha permitido que haya diecisiete autoridades tomando medidas sanitarias contrapuestas en la nueva ola; de quien ha rechazado una cobertura legislativa nacional para facilitar el trabajo de las autonomías; y de quien ha obligado a judicializar en diecisiete instancias diferentes y con criterios dispares la respuesta al problema sanitario. Quien gobierna está a otras cosas: a un viaje de marketing por Estados Unidos; a una sectaria ley de Memoria Democrática que trata de reescribir la historia, a una reforma, imposible, de la Constitución para cambiar el modelo de investidura; y a preparar un Congreso de su partido, donde lo importante no es hablar de la posición del socialismo ante la amenaza independentista catalana o a los pactos para mantenerse en el poder sino la descalificación del PP, el presunto culpable de todos los males de España desde Franco hasta ahora.

Decía Churchill, refiriéndose a un político de la oposición, que "tropieza de vez en cuando con la verdad, pero se levanta rápidamente y sigue corriendo como si nada hubiera sucedido". Eso les pasa a casi todos nuestros políticos, expertos en levantarse con celeridad y seguir corriendo, no se sabe hacia dónde, por si la verdad les roza y les cuestiona toda la estrategia. Lo importante es correr, que se vea que corren. Y la mayor parte de la gente olvida también con celeridad esos ataques a la verdad.

Mientras la Economía aguarda el maná de los fondos europeos, los empresarios y los autónomos siguen pasándolo entre mal y muy mal. Y este Gobierno, que está dispuesto a reunirse en agosto con los independentistas catalanes y que calla ante la ofensa al Rey y a la Justicia de la alcaldesa de Barcelona, deja hasta septiembre la negociación imprescindible y urgente con el PP para la renovación del Consejo General del Poder Judicial --ignorado y bloqueado ahora en su funcionamiento por el propio Gobierno-- del Tribunal Constitucional --puesto en la picota por el propio Gobierno--, del Tribunal de Cuentas o del Defensor del Pueblo. Es cierto que Europa y el PP ponen condiciones, pero el Gobierno, que debería llevar la iniciativa, no hace nada, todo lo contrario, por suavizar, relajar y conseguir el ambiente adecuado para poder negociar. Si de verdad quiere llegar a un acuerdo, que convoque al PP formalmente en una mesa abierta, con taquígrafos y periodistas, y que no se levante nadie hasta cerrar el pacto. Agosto es el mejor mes para lograrlo.

Si no es así, que se vayan todos de vacaciones cuanto antes. No se las merecen, pero seguramente los ciudadanos salgamos ganando. Solo así hay posibilidades de que el Gobierno no haga nada que perjudique a la mayoría y que la oposición no necesite oponerse a nada.