Vielba, una muestra de sobriedad castellana y surrealismo en blanco y negro

Vielba, una muestra de sobriedad castellana y surrealismo en blanco y negro

El París del 1962, el Madrid de los años cincuenta o ciudades de España en blanco y negro. La Sala Canal de Isabel II de Madrid acoge una exposición dedicada a la obra de Gerardo Vielba, una ventana a la renovación histórica de la fotografía española.

“Las imágenes de Vielba tienen una parte sobria castellana y una surrealista alocada que no vemos en nuestros artistas. Se ve desde fuera”, explica Antonio Tabernero, comisario de una exposición que cuenta con 120 obras y que define la fotografía del madrileño como “humanista”, “didáctica” y “magnética”.

Gerardo Vielba (1921 – 1992) vivió en Madrid y formó parte del conocido “grupo del 50”, lo que más le importaba era lo que está “detrás de cada fotografía”. “Sus imágenes sirven de referente para que tú entres en un espacio no visible, que es donde la obra toma dimensión”, explica Tabernero.

A lo largo de la exposición, que está abierta del 19 de mayo al 25 de julio, se muestra un resumen de su historia fotográfica a través de imágenes conocidas, como "Vías del recuerdo", premio Nacional de Bellas Artes en 1962, y material inédito.

Si hay que mencionar una obra que recoge la esencia y el espíritu del bagaje artístico de Vielba, esa es “Florista en Saint Lazare”.

“La familia ve en esta foto toda la poesía que tenía su padre. Vielba es muy consciente de lo que estaba haciendo", remarca el comisario.

La exposición esta dividida en apartados, en “Seis días en París”, por ejemplo, se agrupan las fotografías que el autor realizó durante su breve estancia en la capital francesa en el año 1962 y que le sirvió de inspiración.

Otros, albergan las imágenes que fotografió entre el 1954 y 1962 en Madrid, entre las que se encuentran “Faldas”, “Autorretrato en familia”, “Afición de verdad” o el retrato que realizó al pintor César Manrique, muy amigo suyo.

Su obra es magnética, explica el comisario: “Se ven los fantasmas de una cultura. Estas imágenes nos pueden llevar con mucha facilidad a momentos de la prehistoria de nuestra cultura”.

La infancia y los niños cobran mucha importancia en algunas de sus imágenes, es el caso de “El campito de los niños”. Los fotografiaba porque “les envidiaba, necesitaba esa cosa que tienen de sorpresa y asombro. Estaba atento a todo lo que pasaba a su alrededor”.

Ente el material inédito se encuentran instantáneas de amigos del grupo de la generación de los 50 que conformaban con él la Escuela de Madrid. Los bocetos que realizaba en sus clases o ejemplares de revistas en los que aparece su trabajo completan la exposición.

A falta de su reconocimiento en vida, el comisario cree que a él le valió simplemente hacer su trabajo, algo a lo que dedicó toda su vida: "Era feliz”.

El fotógrafo ya lo dijo: “Tengo un especial gusto en aquello que late en mí, me enamora y en un momento dado, muchas veces fugitivo, me invita, me convida a captarlo y dejarlo en imagen fija”.