Las rosquillas vuelven a Madrid en el primer San Isidro sin estado de alarma

Las rosquillas vuelven a Madrid en el primer San Isidro sin estado de alarma

Atravesar el ecuador del mes de mayo señala en la ciudad de Madrid la llegada de la festividad más castiza de la capital.

Los madrileños celebran estos días la fiesta de su patrón, San Isidro, y las pastelerías de la región se afanan en elaborar los dulces propios de la ocasión: las rosquillas, 'tontas' y 'listas', del Santo.

En mitad del remolino de actividad que invade estos días las cocinas de la tradicional pastelería y horno San Onofre, Ana Guerrero, pastelera y una de las propietarias, ha explicado en declaraciones televisión cuáles son las diferencias entre las distintas rosquillas que se elaboran con motivo de la fiesta de Madrid.

"Madrid es muy castizo, Madrid tiene dos altares: el popular y el católico, tenemos dos tipos de producto", ha afirmado la pastelera. En el altar de la tradición popular se encontraría la Tía Javiera, figura del folclore madrileño, y en el otro, las famosas rosquillas del Santo.

"La Tía Javiera lo que hacía era una rosquilla frita porque iba de romería", ha compartido Guerrero, "y luego, por otra parte tenemos las del Santo: las 'tontas', las 'listas', esa guerra de las aguadoras, esa forma de los madrileños de discutir muy especial, muy divertida".

Las 'tontas', "las perfectas rosquillas", tienen un toque de anís que, según ha explicado Guerrero, refrescan del dulzor de la 'lista', una rosquilla "excesivamente dulce". Aparte están las rosquillas de Santa Clara, coronadas de merengue secado al horno, y las francesas, bautizadas así en honor a Bárbara de Braganza, "nuestra Gran Reina", que según la pastelera "nos dejó un Madrid más glamouroso".

Este primer San Isidro sin estado de alarma desde que se declarase la pandemia, Guerrero ha afirmado que "a lo mejor este año no hay una euforia pero por lo menos lo que no hay es la tristeza que veíamos una semana antes de San Isidro el año pasado". "El año pasado no tuvimos San Isidro, estábamos cerrados. No pudimos disfrutar de la fiesta de San Isidro, ni de las rosquillas", ha lamentado la propietaria del horno San Onofre.

"Sin duda alguna, este año las rosquillas son para mí una nueva vida. Es un renacer, más que nunca una primavera", ha expresado Guerrero, "y espero que con prudencia, por favor, si somos un poquito conscientes disfrutaremos más y tendremos una fiesta gloriosa".