Mal perder

Mal perder

Lo recuerdo de mis años de futbolista juvenil. Un cartel en los vestuarios que decía: "Ganar con humildad y perder con elegancia". No es de aplicación al actual presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ni a las personas que le rodean.

Su reacción ante el batacazo del martes viene a cargar de razón a los desertores del voto socialista en las urnas madrileñas. Si acaso les incomodaba algún rastro de mala conciencia por la infidelidad cometida, las dudas se han evaporado. Les habrá bastado escuchar a la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, echando la culpa al discurso de cañas y berberechos de Isabel Ayuso. No solo. La mirada inquisitorial de Moncloa ha buscado chivos expiatorios en la organización regional del partido (dimisión de JM Franco) y en la candidatura de Gabilondo (ya ha renunciado al acta), como si hubieran sido ellos los planificadores de una campaña pensada por el enemigo (el harakiri de los necios).

Lo último es el expediente de expulsión abierto en la ejecutiva federal a dos exdirigentes históricos del PSOE, el madrileño Joaquín Leguina y el vasco Nicolás Redondo Terreros, por supuesto apoyo público a Díaz Ayuso. El fundamento de la acusación es una visita de la presidenta de la Comunidad (lo era con todas las consecuencias, amén de candidata del PP, a fecha del 22 de abril) a una fundación para personas discapacitadas de la que Redondo es presidente y Leguina patrón. No fue un acto electoral. No estaba en la agenda de la candidata del PP. En todo caso en la del cargo institucional que presta su apoyo a un proyecto (Alma Tecnológica) destinado a personas en riesgo de exclusión.

Es muy probable que Redondo y Leguina fueran conscientes de que la simple foto de la visita contabilizaría en el haber electoral del PP. De hecho ya entonces el gesto causó un evidente malestar entre sus compañeros de partido. Vale. Aquí nadie se chupa el dedo. Y al menos este comentarista no va a incurrir en la ingenuidad de creer que los ahora expedientados son inocentes del cargo que se les imputa a la luz de los estatutos del partido: hacer o decir públicamente lo que entra en contradicción con los "intereses electorales" de la organización.