El viraje de Gabilondo

El viraje de Gabilondo

Madrid, 25 abr.- En el cuarto día de campaña para las elecciones madrileñas, el socialista Ángel Gabilondo marcó un punto inflexión en su estrategia política y se abrió a pactar con el candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, del que había renegado por su "extremismo y radicalismo", para así evitar un 'Gobierno de Colón' en la Comunidad de Madrid formado por PP, Vox y Cs.

Los debates electorales están marcando el ritmo de la campaña: el primero fue el miércoles en Telemadrid, donde por primera vez Gabilondo tendió la mano a Pablo Iglesias con un sentido "Pablo, tenemos doce días para ganar", y el siguiente ha sido el viernes en la Cadena Ser, que los candidatos de izquierda decidieron abandonar tras poner en duda Vox las amenazas recibidas por Iglesias.

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El acercamiento de Gabilondo hacia Iglesias sorprende ya que hasta ahora había rechazado pactar con el candidato de Unidas Podemos por su "planteamiento extremista y radical", en un intento de atraer los votos de los indecisos y de Cs.

Gabilondo ha responsabilizado de su cambio de estrategia a Cs por la insistencia de la formación naranja en "volver a optar por el PP".

La intención ahora del candidato socialista, según ha explicado él mismo, es "aglutinar a las fuerzas de izquierda" para "poner un dique de contención y frenar al Gobierno de Colón", en referencia a PP, Vox y Cs.

Un objetivo que ha cobrado fuerza tras las recientes polémicas protagonizadas por Vox, como el cuestionamiento a las amenazas recibidas por Iglesias y la difusión de un cartel electoral sobre menores extranjeros no acompañados.

Para Gabilondo estos episodios han marcado un "nuevo rumbo" en la campaña electoral contra "el fascismo", y ha llegado incluso a instar a elegir en las urnas entre "democracia y ultraderecha".

Los socialistas confían en el dicho de "a la tercera será la vencida" ya que es la tercera vez que Gabilondo (San Sebastián, 1949) se presenta como candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, después de ganar las elecciones de 2019 pero no lograr una mayoría suficiente para gobernar.

Gabilondo, quien se presentó en esta campaña como un candidato "soso, serio y formal", es el más valorado en las encuestas del CIS, que pronostican unos resultados muy igualados entre el bloque de la izquierda (PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos) y la derecha (PP y Vox), con Cs fuera de la Asamblea de Madrid.

La presidenta madrileña y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, ha planteado estas elecciones como una confrontación directa con el Gobierno de Pedro Sánchez, ninguneando en muchas ocasiones a Gabilondo, del que ha ironizado al decir que podría ser su "telonero" por su promesa de no subir los impuestos en la Comunidad de Madrid si gobierna.

A pesar de que los socialistas niegan que estas elecciones sean un Sánchez contra Ayuso, el Gobierno ha tomado el guante al reto que lanzó Ayuso -"Señor Sánchez, el 4 de mayo nos vemos en las urnas"- y se ha volcado en la precampaña y durante los quince días de campaña.

El propio Sánchez ha participado en varios actos de campaña, al igual que ministros como el de Política Territorial, Miquel Iceta; el de Transporte, José Luis Ábalos, o el de Interior, Fernando Grande-Marlaska, entre otros.

La dimensión nacional de estas elecciones se hizo evidente con el anuncio de que la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, será la vicepresidenta económica de la Comunidad de Madrid si Gabilondo forma Gobierno.

Además, Gabilondo se ha rodeado en su candidatura de mujeres sacadas de La Moncloa como Hanna Jalloul (ex secretaria de Estado de Migraciones); Pilar Llop (Presidenta del Senado) o Irene Lozano (ex responsable de Deportes y coautora del 'Manual de resistencia' de Sánchez).

Sin embargo, Gabilondo se ha esforzado en marcar perfil propio y tratar de recuperar protagonismo frente a Sánchez, cuyo apoyo considera un "honor".

"Pedro Sánchez es Pedro Sánchez y yo soy Ángel Gabilondo. Y a estas elecciones me presento yo", zanjó el candidato socialista en el arranque de campaña.

Por Ana Márquez