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Municipios madrileños con coronavirus pero libres de restricciones por no llegar a los 100.000 habitantes

Municipios madrileños con coronavirus pero libres de restricciones por no llegar a los 100.000 habitantes





Pese a su alta tasa de contagio de coronavirus, hay localidades madrileñas que se libran de las restricciones de movilidad por tener menos de 100.000 habitantes, como Coslada, mientras que en pequeños pueblos, como Rozas de Puerto Real aseguran que es como si vivieran confinados porque no hay "un alma" por las calles.

"La mayoría de los vecinos lo único que hace es dar de comer a las gallinas, a sus animales, y no se cruzan con gente", comenta Manuel, de Rozas de Puerto Real.

Por eso cree que restringir la movilidad no tendría mucho sentido en este pueblo de la Sierra Oeste de la Comunidad de Madrid, cercano al pantano de San Juan.

Es uno de los ochenta y cinco municipios madrileños que superan el límite de incidencia de contagios establecidos por Sanidad (500), pero no los 100.000 habitantes, por lo que no se han visto afectados por las restricciones que desde este viernes ya rigen en diez localidades madrileñas, entre ellas la capital.

En el caso de Rozas de Puerto Real la tasa de coronavirus es superior a 1.600 casos por cada 100.000 habitantes, pero sólo tiene algo menos de 600 empadronados.

Leonor, una de las trabajadoras de la farmacia del pueblo, explica que esta tasa, aparentemente alarmante, en realidad no lo es porque se debe a un brote que surgió en el bar, en el que se contagiaron los ocho empleados.

La farmacéutica asegura que este brote ya está controlado y descarta la necesidad de confinar este pueblo porque considera suficientes las medidas generales de la Comunidad de Madrid de limitar las reuniones a seis personas y respetar las distancias de seguridad.

Opina lo mismo Manuel, el hermano del dueño del bar en el que surgió el brote, que dice que "no tiene sentido" confinar Rozas de Puerto Real porque en la práctica "ya viven confinados".

"En el pueblo no hay un alma y la gente que ha venido a pasar el verano ya no está o vive en la urbanización Entrepinos", cuenta.

Sin embargo, Gregorio, otro vecino del pueblo, opina que toda medida, por estricta que sea, es buena para tratar de contener el coronavirus porque "se está muriendo la gente".

En Brea de Tajo, un municipio situado al sureste de la Comunidad de Madrid, la tasa de incidencia es de 954,20 casos por cada 100.000 habitantes pero apenas tiene 300 (500 empadronados), por lo que también se ha librado de las nuevas restricciones que entraron en vigor el viernes.

El alcalde, Rafael Barcala, achaca esta alta tasa de contagios al centro de menores 'Madre Teresa de Calcuta', cuyos internos son empadronados en el municipio cuando ingresan, pasando a formar parte de las estadísticas, aunque hayan abandonado el centro y ya no vivan en Brea de Tajo.

"Hay gente que se fue hace cinco años, pero sigue teniendo aquí su médico asignado", dice el regidor, que en las últimas semanas ha detectado solo dos casos de COVID-19 en el pueblo, uno en una urbanización del término municipal y el otro en el centro de menores.

Un alto porcentaje de la población de Brea de Tajo es mayor de 65 años y vive con resignación esta segunda ola de coronavirus en su pueblo, tal y como comenta Enrique García, el responsable de un programa de Cáritas que atiende a los mayores en sus necesidades básicas y además les proporciona compañía.

"Nuestros mayores salen muy poco y cuando salen lo hacen con cierta desconfianza", cuenta.

Algunos municipios madrileños se han librado de las restricciones por los pelos, como Coslada, al este de la Comunidad, con 81.000 habitantes y una tasa de contagio de 901.

Lo curioso es que en este caso su propio alcalde, Ángel Viveros, ha pedido por carta a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que aplique restricciones al constatar que dos áreas sanitarias básicas del municipio están por encima de los mil contagios y que la ratio de 500 contagios se supera en todos los barrios.

"Ha sido tremendo y está siendo tremendo", dice una de las trabajadoras del Centro de Salud El Puerto, en el barrio del mismo nombre, en cuya opinión las medidas deberían tomarse "siguiendo siempre criterios epidemiológicos".

Señala que el número de pacientes con síntomas de COVID-19 no ha bajado en las últimas semanas, y que en ocasiones se trata de "familias enteras". "No sé cuántas personas pueden llamar en un día, pero muchísimas", añade.

El centro de salud El Puerto no dispone de médico de familia por las tardes, por lo que las urgencias médicas en ese horario están derivadas a otro centro cercano; y, los fines de semana, en caso de urgencia sus usuarios deben recurrir al 112, porque su Servicio de Urgencias de Atención Primaria de referencia, el de San Fernando de Henares, está cerrado.

Entre los hosteleros, probablemente los más afectados por las nuevas restricciones, el sentir mayoritario es que las medidas no se notarían especialmente en un sector que no se ha recuperado desde el comienzo de la pandemia, aunque los meses de junio y julio parecieron dar un respiro.

"Se tenían que haber tomado medidas antes, ahora van a ser más duras y van a durar más tiempo; y teníamos que haber hecho la desescalada con más calma. Da la sensación de que hemos tirado por la borda lo hecho en tres meses por no esperar unas semanas más", lamenta Albert, propietario de un bar, que cree que las restricciones acabarán afectando tarde o temprano también a Coslada.