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La lucha contra el coronavirus hermana a los pueblos de la Sierra Norte

La lucha contra el coronavirus hermana a los pueblos de la Sierra Norte

El coronavirus y el confinamiento ha unido a los 42 pueblos de la Sierra Norte de Madrid, la zona más despoblada de la Comunidad, que ha creado una red donde invitan a sus casi 40.000 vecinos a aportar todos sus conocimientos para combatir esta crisis.

Desde Venturada a Somosierra pasando por Madarcos, que con 46 habitantes es el pueblo más despoblado de la Comunidad de Madrid, todas las localidades trabajan "hombro a hombro y de forma totalmente horizontal", para esquivar las consecuencias "de ser pocos y carecer de infraestructuras".

Precisamente la alcaldesa de Madarcos, Eva Gallego, es quien pone orden en esta red, aunque todas las opiniones tienen el mismo peso y se gestionan a través de un grupo de WhatsApp con 350 integrantes.

La iniciativa surgió a comienzos de abril, y en poco más de una semana ha derivado en un gran grupo formado por representantes políticos, fuerzas de seguridad, sanitarios, el grupo de acción local de la Sierra (Galsinma), el comisionado para la despoblación y, por supuesto, los propios vecinos a título individual.

Su objetivo inicial era fabricar y distribuir medios de protección para quienes están "en la primera línea de trabajo", desde sanitarios y policías hasta quienes regentan los pequeños comercios locales y farmacias rurales.

Cada día logran confeccionar hasta un millar de elementos de protección, entre mascarillas, batas, gafas, guantes y patucos, según cuenta  la alcaldesa de Madarcos.

Primero empezaron protegiendo "a los suyos", pero pronto recibieron peticiones de ayuda de municipios colindantes, como El Molar o Pedrezuela, e incluso desde otros puntos del país.

Y es que uno de sus tareas más valiosas es la fabricación de una pieza, que construyen con sus impresoras 3D, que convierte elementos como máscaras de buceo en respiradores.

La efectividad de estos respiradores los ha hecho tan codiciados que cada día llegan peticiones de hospitales madrileños y de centros de otros puntos de España como Jaén, de Salamanca o Palencia.

Sin embargo, prevén que en los próximos días se volcarán en la elaboración de mascarillas para repartirlas entre los vecinos, ya que su uso comienza a ser recomendable para todos los ciudadanos.

Un grupo heterogéneo

Daniel Caparrós, el coordinador del Grupo de Acción Local Sierra Norte de Madrid (Galsinma), explica  que el perfil de los voluntarios es variado, y sorprende ver que hay muchos jóvenes al frente de tareas que cabría relacionar con los mayores.

"El pueblo tiene muchísimas ganas de ayudar, sin jerarquías, y eso lo hace todavía más heroico", asegura Caparrós, quien no esconde que esta situación les ha servido para ser conscientes de que la Sierra Norte "sufre cierta indefensión".

Un ejemplo de ello es que esta crisis ha obligado a cerrar todos los centros sanitarios, a excepción de cuatro que dan cobertura a los casi 40.000 vecinos.

"Ahora, los pocos sanitarios que mantenemos deben abordar muchísimos casos, y hemos comprobado que no tenemos la infraestructura precisa", dice.

Lo que no ha sorprendido en la Sierra Norte es la imagen de calles desiertas que el coronavirus ha provocado en todo el país.

"En nuestros pueblos la vida es la misma de siempre: estamos acostumbrados a que los inviernos sean largos, que el comercio esté cerrado, y que no haya nadie por las calles".

Iniciativas locales

A esta inmensa red global se suman otras iniciativas locales que los municipios de la Sierra Norte están poniendo en marcha de forma particular y en función de la necesidad de cada población.

Es el caso de Madarcos, donde los concejales, como un vecino más, hacen la compra a las personas mayores para que no salgan de casa.

"No se les deja ni ir a sacar dinero", dice cariñosamente su alcaldesa, que se encarga "de que a nadie le falte de nada".

Por su parte, en Garganta de los Montes el alcalde, Juan Carlos Carretero, ha aparcado temporalmente sus deberes cotidianos para volcarse en el reparto de la compra de los más vulnerables.

También en este pueblo se facilita a los mayores la tecnología necesaria para que hagan videollamadas con sus familiares y "que la distancia sea lo más llevadera posible".

Desde la red de voluntarios de la Sierra Norte confiesan que "nunca pudieron pensar que algo tan terriblemente malo pusiese de manifiesto algo tan enormemente bueno entre los vecinos". Por eso, confían en salir de esta crisis del coronavirus con una Sierra más apegada y fuerte que nunca. Patricia Cristóbal