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Cómo poner tu coche a punto para evitar sustos en la ITV

Cómo poner tu coche a punto para evitar sustos en la ITV

Arreglar determinadas averías de nuestro coche puede librarnos de pasar ciertos apuros. Todos, o la inmensa mayoría, sabemos que nuestro vehículo tiene la obligación, cuando alcanza una determinada edad, de pasar una cita anual. Ésta no es otra que la ITV (Inspección Técnica de Vehículos), la cual para muchos es una absoluta desconocida. Sin embargo, aquellos conductores cuyo coche tenga más de cuatro años seguro que tienen conocimiento acerca de la misma, ya que, al alcanzar dicho periodo, el dueño del mismo habrá tenido, mínimamente, que pasarla una vez. Para subsanar cualquier tipo de problema que impida pasar exitosamente de primeras esta cita, lo ideal es acudir a talleres mecánicos en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla o la ciudad en la que residamos.

Para poner en conocimiento a aquellos interesados y desconocedores de la información que compete a este tema, conviene añadir que, hasta la década de antigüedad, un coche tiene, inicialmente, una vigencia de dos años. Posteriormente, la cita es anual, siempre y cuando se trate de vehículos particulares, puesto que los relativos al uso profesional tienen la obligación de pasar esta cita de manera frecuente.


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Cuando hablamos de ITV hay que dejar claro que en ella se deberían revisar una serie de puntos clave que tiene el coche, además de su situación legal. Dicha inspección podrá ser superada únicamente con dos fallos leves, que, en caso de tenerlos, quedarían registrados en el propio documento de la inspección. Si llegara a producirse dicho contexto, con el objetivo de evadir cualquier posible sanción a posteriori, tales deficiencias deberían quedar subsanadas. De lo contrario, en el hipotético caso de que la Guardia Civil parase al conductor y, así, comprobase la persistencia de tales defectos, el conductor podría ser sancionado. Por tanto, la comprobación del estado general del coche es una tarea que, si se pone en manos de profesionales, es sencilla y puede librarnos de repetir la ITV.

Si enumeramos los denominados fallos leves, los más comunes son las lámparas fundidas, la falta de agua en el limpiaparabrisas, placas de matrícula rayadas, entre otras. En conjunto, tener un total de tres fallos leves o, en su defecto, uno grave obligarían al propietario del vehículo a pasar nuevamente la inspección. Eso sí, esta vez sin coste alguno en el plazo máximo de un mes. Si, por el contrario, se presenta vencido ese plazo, el conductor tendría que volver a solicitar cita y afrontar su correspondiente pago de nuevo.

En lo que respecta a las faltas graves, las más usuales son: tener los neumáticos en mal estado, desequilibrios en los frenos, holguras en las rótulas de dirección o problemas en la emisión de gases. Cabe destacar que, si el fallo es muy grave, el coche quedaría inmovilizado y, por consiguiente, retenido, al igual que la documentación. Ejemplos claros de este tipo podrían ser aquellos daños estructurales, como son los golpes graves y mal reparados, o los errores en el número de bastidor, así como tener una serie de piezas que no estén homologadas y que, por tanto, sean un riesgo para el tráfico, y, por supuesto, cualquier tipo de perforación de óxido en zonas como anclajes de suspensión.

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