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Crítica de 'RoboCop'

Crítica de 'RoboCop'

En la gloriosa añorada época de los ochenta, una productora ya desaparecida dio impulso al género de la ciencia ficción, con dos películas distintas que trataban el mensaje robótico de maneras diferentes, pero inteligentemente llevadas al cine. Orion Pictures se convertía en la ventana aireada que los aficionados al cine fantástico habíamos estando esperando, para ofrecer en las pantallas de todo el mundo al avanzado Terminator, y el caso que nos ocupa ahora, el funestamente versionado Robocop.

Han pasado desde el original dirigido por el holandés Paul Verhoeven al actual más de un cuarto de siglo de nuestras vidas. Y se encarga a este proyecto de Columbia y MGM, a otro director foráneo de Hollywood, con bagaje en filmes de carácter policiaco, como el brasileño José Padilha conocido por sus dos entregas entretenidas de Tropa de Élite, (también pienso que algo sobrevaloradas). Sin embargo, aunque ambos están versados en la violencia callejera, existe una diferencia fundamental, y es que Verhoeven tiene un humor negro que trata la acción violenta como un elemento característico en su cinematografía.


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El relanzamiento del "scifi ochentero" en la actualidad es un problema de falta de ideas, que genera un rechazo a las nuevas producciones. En el caso de Robocop, no es una excepción, pues aquella nueva generación de directores se centraba en la creatividad y la imaginación, por contra de esta era dominada por los motores CGI y la potencia de creación con ordenadores. Las criaturas pesadas de antaño se convierten en máquinas alocadas de acción y colocación insospechada de los tiros de cámara, la iluminación u obscuridad, y los f/x a saltos de magnitudes inhumanas.

Verhoeven acababa de rodar una historia medieval titulada Los Señores del Acero, y el impacto de Robocop le llevaría a otros desafíos más totales. Mientras tanto, triunfó con su guion compartido con otro director Michael Miner y Edward Neumeier sobre el hombre mitad máquina, mitad policía. Y la violencia engendrada en la película casi se ha convertido en un juego de niños con la generación actual de cineastas emergidos de la técnica informática. Sin embargo cosa bastante curiosa, el nuevo Robocop casi se desmarca de la visualización directa de la sangre, para trasladarse a la tecnología y la conducta corrupta de los políticos.

Sobre todo, centrado en el dibujo paternal demasiado tierno para el mítico y bestial personaje. Me resbala esta sensiblería que desbarata el producto final.

Hollywood y su manía de trastocar los ajustes robóticos que funcionaron en el pasado, han elaborado un Robocop de diseño, con casco brillante como un neón fluorescente, visión de cómic excesiva. Nula claridad en las imágenes, tanto por la velocidad enfebrecida como por la obscuridad subyacente en muchas secuencias. Otras en cambio, reflejan al policía superhéroe con saltos de rana al estilo Iron Man que le confiere un aura de falsedad e irrealidad evidente. Un hombre de hierro todopoderoso, infalible e imbatible, cambiando la cara pétrea de Peter Weller por esta menos empática (y desconocida, a mi gusto) de Joel Kinnaman. Demasiado duro de roer.

Así, eliminado el movimiento robotizado, el humor televisivo por un show sin gracia presentado por un Samuel L. Jackson acartonado, y el grupo de malvados y políticos degenerados en Michael Keaton vuelto de las cenizas para morir quemado, sólo nos restan algunas ideas sobre el cometido futuro de los soldados androides en las guerras, y el grupo de científicos de la famosa corporación OmniCorp. Comandados por más voluntariosos que acertados nombres como Gary Oldman y Jackie Earle Haley. Aunque, de la fisonomía antigua no queden ya ni los potitos alimenticios, tan solo una pila recargable como petaca policiaca.

No hay rastro de favelas ni de delincuencia callejera, ni del famoso Ford Taurus circulando por un Detroit salvaje. Este Robocop de 2014 es artificio televisado, guerra poco creíble y rollo político de corporaciones armamentísticas en desarrollo polemizando a través del Gran Hermano. Así, me ha sido difícil adentrarme en la historia y otorgar mi voto a la nueva generación de policías con base de datos renovada y controlada a distancia. Ni compadecerme de su parienta ni el niño algo odioso. Pobre... y yo también, corazón desolado.

Por favor, no más remakes antipáticos, anti-drogas de la imaginación, asesinos por bostezos de la creatividad y... aquel famoso amenazante ED-209 de stop-motion cargado de ametralladoras descafeinadas.

** Entre mala y regular *

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