ElMandela, sazón subsahariana para la integración de inmigrantes - MADRID ACTUAL

ElMandela, sazón subsahariana para la integración de inmigrantes

ElMandela, sazón subsahariana para la integración de inmigrantes
Compartir en whatsapp


ElMandela es mucho más que un restaurante. Además de acercar al comensal español los desconocidos sabores del África subsahariana y su cultura, funciona como centro de formación hostelera para lograr la inserción laboral y social de jóvenes inmigrantes de esa zona, una de las más pobres del planeta.

Promovido por las fundaciones de los jesuitas en Madrid que trabajan con migrantes y jóvenes -San Juan del Castillo y Amoverse- a través de la empresa de inserción laboral Amoverse, ha recibido recientemente el Premio Impulso Empleo Juvenil en la categoría PYME de la Fundación Mahou San Miguel y el Club de Excelencia en Sostenibilidad.

En sus seis años de vida, más de una decena de subsaharianos han pasado por ElMandela, donde suelen permanecer alrededor de un año formándose en cocina o sala, y todos han encontrado empleo.

Es el caso de jóvenes con formación universitaria, como el camerunés Duran Kakengui, y otros apenas alfabetizados como el maliense Diakaridia Diallo, a quienes además las fundaciones prestan atención personalizada en cuestiones como enseñanza de español, asesoramiento legal o búsqueda de vivienda.

"Se busca su autonomía, no hay un enfoque paternalista, sino que se trata de darles oportunidades con la mirada puesta a largo plazo", explica Félix Martín, de la Fundación San Juan del Castillo.

Como "reto apasionante" define ElMandela Francisco Ángel, gerente de Amoverse Empresa de Inserción, ya que hay que compaginar sobrevivir en "la selva" del mercado hostelero madrileño con las limitaciones que implica contratar a personal en formación.

"Pero aquí todos ganan", asegura. Los alumnos-trabajadores que se forman y consiguen un empleo, sus familias a las que envían parte de sus ingresos y los comensales, que se acercan a la gastronomía y la cultura subsahariana, una desconocida en España, gracias a que "los chicos se convierten en sus maestros, haciendo la experiencia mucho más completa".

A Fosso Ludavia, camerunés de 28 años, le encanta explicar al comensal qué es el thiep yape de Senegal (arroz con verduras y pescado) y enseñarle algunas de las especias con las que se condimentan éste y otros platos, como "djom", "djansang" o "mbongo".

También anima a probar carnes importadas como las de cebra, búfalo o cocodrilo, las cervezas africanas y el café de Etiopía, Kenia y Uganda.

"Cuando la gente viene a conocer algo diferente, es bueno hablar y explicarle", comenta este aspirante a camarero llegado hace seis años a España.

"Lo que me encontré no era lo que me esperaba, los que estaban entonces aquí engañaban sobre su situación" y encontrar un empleo no es tan fácil como le decían, por lo que valora las posibilidades laborales y sociales que le abre este aprendizaje.

El camerunés Martin Ntumnou vino a España en 2000 y lleva seis años en ElMandela, donde ha pasado de aprendiz a jefe de cocina y maestro y elabora platos típicos de pueblos subsaharianos con ingredientes "totalmente desconocidos aquí y que no encontrarán en ninguna tienda de Madrid".

Siempre le gustó la cocina, algo "poco habitual" entre los hombres africanos, aunque llegó a ella como profesión tras perder su trabajo en la construcción, "mucho más dura que la hostelería".

Su abuela, la que le dio la primera oportunidad de cocinar, ya alabó su "mano para la cocina", especialmente su habilidad para sazonar en el punto justo, algo que han ratificado los profesores de la prestigiosa escuela de alta cocina Le Cordon Bleu que le impartieron algunas clases y aseguran que tiene "el don del sabor".

"Tengo la suerte de que todo me sale bien", asegura sin falsa modestia este cocinero, para quien el secreto de la cocina es "el punto de sal", el justo que permite resaltar el sabor de todos los ingredientes, y tiene en la semilla "medjeng" uno de sus ingredientes fetiches y en la carne de ternera con salsa de cacahuetes y arroz una de sus especialidades.

"Disfruto cocinando y haciendo comer bien a los demás", reconoce con una amplia sonrisa.

En este restaurante para 36 comensales atendido por cuatro inmigrantes subsaharianos no hay objetivo lucrativo, aunque sí buscan la sostenibilidad económica para reinvertir "en la mejora de la formación y la creación de empleo para estos jóvenes", explica Francisco Ángel, quien ha tenido la "suerte" pero también ha vivido "el duelo" de verles "volar" hacia restaurantes y hoteles.

No obstante, asegura que el color de su piel "pesa aún en la hostelería, también en la búsqueda de vivienda".

Además de restaurante-escuela, ElMandela es un escaparate de la cultura africana a través de las exposiciones pictóricas, fotográficas o de artesanía que acoge el comedor y con alianzas como la establecida con Mamah-Africa y Marengo Grey, que han vestido con textiles africanos al personal de sala.

También se alían con ONG para recabar fondos para acciones sociales en el continente africano y tras el agua mineral que sirven, Auara, hay un proyecto para facilitar el acceso al agua potable a los 700 millones de personas que carecen de ella en el mundo. Por eso, en ElMandela, todos ganan.

 

¿Recibes ya nuestro boletín?