Hombres G y Taburete unen a dos generaciones en el WiZink Center - MADRID ACTUAL


Hombres G y Taburete unen a dos generaciones en el WiZink Center

Hombres G y Taburete unen a dos generaciones en el WiZink Center
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28 de diciembre. Focos, luces, ... y todo listo para lo que debía ser el espectáculo del año en Madrid.

Llenazo imponente en el WiZink Center (antiguo Palacio de los Deportes) en una cita en la que las entradas volaron a las pocas horas de salir a la venta (razón por la que a la gira se añadió otro concierto extra en la capital). Y no era para menos. El grupo del joven Willy Bárcenas, revelación de los dos últimos veranos, tocaba junto al incombustible Hombres G de David Summers, que se reencontraba con sus viejos (y nuevos) fans. No sorprende la combinación, ya que Taburete tocó en el pasado junto a grupos como El Canto del Loco y se centra en el mismo público, coqueto y arreglado, pero con un toque canalla, que disfruta tanto de pop animado y fresco como de baladas de amor cantaditas.

180102 concierto hombres gLa noche prometía para Taburete que, con más adolescentes y veinteañeros que cuarentones en la platea, comenzó con varias de las canciones menos conocidas de su disco “Tres Tequilas”. Tras dos o tres temas sólo para entendidos, el público perdió el hilo y fue cuando salió a escena Hombres G que, con más de 30 años de larga carrera musical a sus espaldas, volvió a animar la velada. Los años no pasan por ellos, al menos musicalmente hablando: el grupo, que vive instalado en un guateque permanente, salpicado por polvos pica-pica y tramando atolondradas tácticas de seducción, conquista al público a cada gesto de su líder. Esto fue la tónica habitual de la noche, en la que Taburete solo se les acercó en un dueto de la mil veces conocida “Sufre Mamón”. Bárcenas y sus amigos intentaron recuperar el protagonismo perdido recurriendo a absurdas gallardías de adolescentes, como que el cantante se tatuara sobre el escenario en plena actuación.

Al final, David Summers salió con más novias que Willy Bárcenas, al que se le notó la falta de experiencia en el escenario y que mostró más necesidad de protagonismo que ganas de enseñar su talento. Tras algo más de hora y media de concierto, las luces del Palacio se encendieron como las luces de una discoteca antes del cierre, sin posibilidad de una última copa ni un último baile.

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