Poco poso y demasiada pesadez en una decepcionante novillada en Las Ventas - MADRID ACTUAL


Poco poso y demasiada pesadez en una decepcionante novillada en Las Ventas

Poco poso y demasiada pesadez en una decepcionante novillada en Las Ventas
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Madrid, 27 sep.- Una tarde de muy poco contenido ha sido lo que ha dado de sí la novillada que reanudaba hoy la Feria de Otoño en Las Ventas, una función plana, plomiza y prácticamente huérfana en lo artístico.

FICHA DEL FESTEJO.- Seis novillos de El Ventorrillo, de parejas hechuras, blandos, sin raza y de juego desigual. Destacó la calidad del primero. Inválido el segundo; sin fuelle el tercero; inciertos y sin clase, cuarto y quinto; y

Jesús Enrique Colombo, de azul marino y oro: buena estocada (ovación que recogió desde el callejón); y pinchazo y estocada fulminante (ovación tras aviso).

Leo Valadez, de grana y oro: bajonazo (silencio); estocada en los costillares y dos pinchazos (silencio tras aviso).

Carlos Ochoa, de rosa y oro: gran estocada (palmas); y media y descabello (ovación tras aviso).

La plaza registró dos tercios de entrada (16.572 espectadores, según la empresa) en tarde agradable.

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SI ESTE ES EL RELEVO...

Un cartel, a priori, con lo mejorcito de la novillería actual. Las dos supuestas revelaciones de la temporada, el venezolano Colombo y el mexicano Valadez, a las puertas ambos de la alternativa en Zaragoza, y con ellos el madrileño Carlos Ochoa, que hacía su presentación en la plaza donde ya salió a hombros cuando aún andaba sin caballos.

Luego la tarde se tornó en otra decepción más, ora porque a la novillada de El Ventorrillo le faltó raza y fuerzas, ora también porque las pocas opciones que hubo, mínimas para ser exactos, no fueron convenientemente aprovechadas.

Fue el caso del primero de Colombo, un animal muy justito de salida, pero que no tuvo mal aire en el último tercio después de que apenas se le castigase en el caballo. El problema fue que el venezolano, muy atlético con los palos, no se entendió con él en una faena tan correcta como carente de alma y, en consecuencia, ayuna de emoción.

Faltó ajuste, hondura y ponerse de verdad con un novillo de carretón, al que, pese a faltarle motor, colocaba la cara de maravilla. El caso es que la impresión final fue que primó más la cantidad que la calidad.

El cuarto fue novillo sin clase y de los desagradables para estar delante, muy incierto e informal, pues lo mismo se "metía" que reponía sus cortos viajes. Colombo, que volvió a exhibir músculo con los rehiletes, estuvo a punto de salir por los aires varias veces a lo largo de una labor que aunó entrega y seguridad, aunque huérfana en lo artístico.

Esta vez sí estuvo por encima de las circunstancias el venezolano, que está visto que necesita de este tipo de astados para conectar con la gente, de ahí la ovación final.

Valadez quedó prácticamente inédito en su primero, un novillo de tanta calidad como falto de fuerzas, lo que hizo que fuera perdiendo las manos a la mínima que el mexicano le obligaba. Un inválido, vaya. El enfado de la gente, para qué decir. El horroroso bajonazo final fue el peor corolario posible.

No mejoró el panorama con el desclasado quinto, con el que Valadez volvió a naufragar en una labor más porfiona, más dispuesta, pero igualmente deslavazada y de escaso poso. El sartenazo que le arreó en el primer envite con la espada fue también de juzgado de guardia.

Poco pudo mostrar Carlos Ochoa en el novillo de su debut, un animal noblote pero sin raza y apagándose gradualmente, con el que el madrileño anduvo lo que se dice en novillero, es decir, muy dispuesto y con muchas ganas por agradar, aunque tuviera que hacerlo delante de un muerto viviente.

Quedó demostrado en la larga cambiada del recibo y en un sinfín de alardes en la corta distancia con el animal totalmente desfondado. Pero todo quedó en eso, en voluntad, pues no tuvo "material" para más.

El sexto tampoco sirvió, y Ochoa, todo disposición, confirmó que aún le quedan cosas por mejorar, que todavía está muy nuevo. Lo bueno es que tiene todo el invierno por delante para depurar y mejorar y poder volver en 2018 con más garantías para abrirse paso.

Con el ocaso de la tarde la gente abandonaba la plaza muy preocupada por el futuro. Desde luego, el relevo generacional que, a priori, debería llegar con los Colombo, Valadez, Aguado o Serna no ilusionan tanto como lo hicieron años atrás Ginés Marín, José Garrido o Roca Rey, por poner un ejemplo. Algo falla y, aún peor, no tiene visos de que la solución llegue a corto plazo.

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