Aramburu: "El olvido y el silencio no pueden despacharse con dos o tres adjetivos" - MADRID ACTUAL

Aramburu: "El olvido y el silencio no pueden despacharse con dos o tres adjetivos"

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Aramburu: "El olvido y el silencio no pueden despacharse con dos o tres adjetivos"
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El olvido y el silencio no pueden despacharse con dos o tres adjetivos, y por eso Fernando Aramburu ha tejido en las más de 600 páginas de su novela "Patria" un retrato de la complejidad humana de dos familias dentro de la "sangrienta historia" de los últimos 30 años del País Vasco.

Aramburu (San Sebastián, 1959) asegura en una entrevista con Efe que hay "mucho corazón" en esta novela, editada por Tusquets, en la que ha "exprimido humanamente" todo lo que ha podido a sus personajes, "ya sean víctimas, medio víctimas o partidarios de la agresión" y la violencia de ETA.

"He intentado abrirlos como una nuez y considerarles en su complejidad humana y no solo como recipientes de ideas o conceptos", indica el autor.

Su novela da comienzo al anunciar ETA el abandono de las armas, cuando Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido, el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver al pueblo donde vivían y averiguar los detalles del atentado porque quiere que la pidan perdón.

"Patria" habla de la imposibilidad de olvidar y la necesidad de perdón a través de la convivencia de nueve protagonistas pertenecientes a dos familias, la de Bittori y la de Miren.

Miren, amiga íntima de Bittori en otra época, es madre de Joxe Mari, terrorista encarcelado, y mujer del que fuera el mejor amigo de la víctima del atentado: "Era una mujer normal y corriente, pero ante todo es madre de su hijo y, aunque éste haya asesinado, no deja de ser su hijo".

Mujeres "fuertes, fuertes", las que aparecen en su libro, al estilo de las mujeres vascas con las que Aramburu convivió: madre, tías, hermanas y vecinas...

Aramburu, que reside en Alemania desde 1985, ha compensado la lejanía geográfica con su cercanía emocional, la empatía que ha sentido siempre con los asesinados por ETA y sus familiares: "Me han producido un enorme dolor. Aunque no hayan matado a mi padre, como si lo hubieran hecho".

Víctimas que le han dicho que no se sentían amparadas por los escritores, explica este autor, que ha querido levantar testimonio literario de cómo algunos intentaron un proyecto político mediante el ejercicio organizado del crimen.

Aramburu es partidario "de hablar de silencios", pero no todos son iguales: algunos garantizan la supervivencia donde impera el terror y no podemos juzgarlos pero otros son de los "adeptos", de aquellos que son conscientes de que se están cometiendo atrocidades y que contribuyen a ello.

Ese último silencio es en el que viven antes del atentado el Txato y Miren, acosados en un pueblo que era el suyo.

Una de las características del nacionalismo, "sea de donde sea", es imponer un filtro, sostiene Aramburu: "Allí donde se sacraliza la nación, se impone un filtro y sólo los puros atraviesan sus orificios. Al resto hay que eliminarlo, no solo físicamente, sino que hay que silenciarlos, haciendo que se vayan, marginándolos", explica.

En su novela también interviene un sacerdote, un personaje que cree que sería injusto extrapolar al resto de los curas vascos, dice Aramburu, que recuerda que algunos han llevado escolta.

"Pero nadie nace etarra, nadie nace con una pistola, y para que eso suceda hay que conquistar el cerebro con doctrinas y consignas. ¿Y quien difunde y da forma a esa teoría? Hay algunos curas que lo hacen", dice.

Ninguno de sus protagonistas ha existido realmente, pero Aramburu les ha insertado en la historia colectiva anclándolos en diferentes episodios reales ya que, sostiene, "sin la sangrienta historia del País Vasco mi novela no habría sido posible".

Por eso dice que le hubiera gustado no tener que escribir un libro como "Patria", ser de un país civilizado, como Suiza o Dinamarca, donde las diferencias sociales se dirimen en el Parlamento porque "un país donde una banda armada mata a 800 personas no es un lugar adecuado".

"El tiempo transcurre y pone a cada uno en su sitio", señala el autor, que considera que no hay garantías de que lo sucedido durante tantos años no vuelva porque "lo que postulaban sigue presente por otras vías".

 

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