Carlos Alonso, el Billy Elliot madrileño que triunfa en Nueva York - MADRID ACTUAL

Carlos Alonso, el Billy Elliot madrileño que triunfa en Nueva York

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Carlos Alonso, el Billy Elliot madrileño que triunfa en Nueva York
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El joven bailarín madrileño Carlos Alonso podría ser el Billy Elliot vallecano. Tras pasar por dificultades, como el acoso escolar que sufrió de niño, a sus 20 años ha conseguido ser solista del New York Theatre Ballet esta temporada.

Hijo de un carpintero encofrador y una funcionaria de Justicia, el pequeño de tres hermanos vivió el acoso escolar en su piel y luchó por su sueño sin importarle lo que pensasen los demás.

"A los 9 años dije: me da igual lo que piensen de mí, yo quiero bailar'", explica el bailarín, que ha conseguido su primer contrato como profesional en la ciudad de los rascacielos.

Hasta ese momento y durante tres años, había sufrido todo tipo de insultos y amenazas únicamente por ser un "niño más sensible" que no estaba interesado en "jugar a pegarse", una "espinita" que a día de hoy no ha conseguido superar.

"Empezaron a acosarme porque siempre me interesaban cosas artísticas como cantar o bailar", comenta el joven, que asegura que un día llegó a preguntarle a su madre si él era "normal", ya que no entendía que le juzgasen de esa manera.

Según cuenta, le amenazaban, insultaban e incluso le tiraban pelotas, una situación que, por miedo a hacer sufrir a sus padres, mantuvo en silencio y que se llevó "bastante mal" en su casa.

Pero, guiado por su vocación, a los 9 años comenzó a estudiar ballet y ya a los 12 entró en el Conservatorio Carmen Amaya de Madrid, una experiencia "muy bonita, pero muy dura" de la que ha "sacado" amigos "para toda la vida".

"Ahora los profesores ya no te dan palos como antes, pero siguen siendo dañinos, porque dan donde más duele para hacerte más fuerte", dice Alonso, a quien algún día le gustaría ser profesor, aunque evitaría aplicar un método tan duro con sus alumnos.

En 2014 obtuvo una beca para estudiar durante el verano en la Joffrey Ballet School de Nueva York, donde tras el curso le ofrecieron una beca de mérito para quedarse, pero no podía costearse el alojamiento y la manutención en esa ciudad, por lo que tuvo que renunciar.

Tras su periplo neoyorquino se fue de intercambio unos meses a la escuela del Ballet Nacional de Finlandia, donde a pesar de medir 1,80, era el más bajito, por lo que no consiguió quedarse en la compañía.

"Fue un chasco pero lo entendí porque mi físico no encajaba con el de ellos", reconoce.

Sin embargo, la suerte se puso de su lado, y en 2015 la escuela del Joffrey contactó con África Guzmán, exbailarina de la Compañía Nacional de Danza y quien fue profesora de Alonso en el conservatorio Carmen Amaya, porque buscaban un bailarín.

"Me escribió para decirme que estaban buscando a un chico para la compañía juvenil, se acordaba de mí, y me dijo que me ofrecían una beca de residencia del 70 por ciento", comenta.

A pesar de ello, todavía era demasiado dinero para la familia de Alonso, que no podía permitirse su estancia en Nueva York. Pero, finalmente, la escuela estaba tan interesada en él que decidió otorgarle una beca total.

"Cuando me lo dijeron me puse a temblar y pensé: Dios, ¿de verdad me están diciendo esto? ¿Tengo que dejar a mi familia?", recuerda con emoción.

Tras un año en la compañía juvenil del Joffrey Ballet, con la que ha girado por toda la costa Este de Estados Unidos, el pasado mayo Alonso recibió la vista en Nueva York de la directora del New York Theatre Ballet, Diana Byer para contratarle como profesional.

"Estoy muy sorprendido porque jamás nadie había puesto tanto interés en mí", dice asombrado.

En diciembre se enfrentará a su primera temporada de "El Cascanueces", en Nueva York, ballet navideño por excelencia, pero trabajará únicamente tres horas y media al día hasta conseguir su visado definitivo de trabajo.

Hasta ese momento, el bailarín, que destaca por su capacidad artística y de trabajo, dice que alternará los escenarios con "lo que sea", para "dejar de pedir dinero" a sus padres y "que no 'malvivan" mientras él pueda "vivir este sueño".

Carlos Alonso ha pasado sangre, sudor y lágrimas para ahora poder vivir de lo que más ama, pero recuerda que "al final no todo es tan negro como parece y que el esfuerzo vale la pena".

Helena Núñez Guasch.


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