Flojos "juanpedros" y ambiente revuelto en la desastrosa corrida de San Isidro - MADRID ACTUAL

Flojos "juanpedros" y ambiente revuelto en la desastrosa corrida de San Isidro

Flojos "juanpedros" y ambiente revuelto en la desastrosa corrida de San Isidro
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Madrid, 15 may.- Los flojos y desfondados toros de la ganadería de Juan Pedro Domecq, de los que tres fueron devueltos a los corrales, echaron hoy por tierra la corrida del día de San Isidro, que se vivió en el revuelto y jaranero ambiente de los tendidos madrileños.

FICHA DEL FESTEJO:

Cuatro toros de Juan Pedro Domecq y sendos sobreros de José Luis Marca (5º) y conde de Mayalde (6º), que sustituyeron a dos de los titulares y un primer sobrero devueltos por flojos. De buena presencia los de Domecq, aunque de dispar cuajo, tuvieron pocas fuerzas y escaso fondo de raza, salvo el tercero, que embistió con entrega y profundidad. Los sobreros, también descastados.

Alejandro Talavante, de violeta y oro: pinchazo y estocada honda trasera (silencio); tres pinchazos sin soltar, estocada y descabello (silencio).

Andrés Roca Rey, de canela y oro: dos pinchazo y estocada baja (palmas tras aviso); pinchazo y estocada (silencio).

Posada de Maravillas, de azul noche y oro, que confirmaba la alternativa: cinco pinchazos y estocada honda delantera (silencio tras aviso); estocada (silencio).

Posada confirmó su doctorado con el toro "Danzarín", nº 87, negro lombardo salpicado, de 590 kilos.

El Rey Juan Carlos asistió a la corrida desde la meseta de toriles, acompañado por la Infanta Elena y su nieta Victoria Federica, mientras que desde el palco de la Comunidad de Madrid presenció el festejo la presidenta regional, Cristina Cifuentes.

Décimo festejo de abono de la Feria de San Isidro, con lleno de "no hay billetes" en las taquillas.

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LA "VERBERNA" DE SAN ISIDRO

Mal indicio de lo sucedido en la arena de una plaza de toros es que, como hoy en Las Ventas, las mayores ovaciones de la tarde se las lleven el cabestrero, que llegó a meter con diligencia a los corrales a los tres toros devueltos, y el director de la banda, que amenizó los tiempos muertos con "escogidas piezas de su variado repertorio".

El chotis "Madrid", de Agustín Lara, y las notas de "Por la calle de la Alcalá", de "Las Leandras", se acompasaron con jubilosas palmas por parte de un público variopinto, entre el que se mezclaban los aficionados de siempre, los poco conocedores visitantes de un solo día e incluso esos clásicos "isidros" que, por pura tradición, acuden a los toros el día del Patrón de la capital.

Era tarde, pues, de fiesta, más allá de lo que ocurriera en la arena, que fue en esencia bastante poco, y la mayoría prefirió pasar el rato entreteniéndose por su cuenta, ya fuera protestando toros de pocas fuerzas o admirando las evoluciones de Florito y sus cabestros.

No encontraron motivos para aplaudir muchas más cosas, básicamente por el poco fondo que sacó la corrida de Juan Pedro Domecq, que pareció sufrir la "maldición del azulejo", ese que, como triunfadora del año anterior se descubre en honor de la ganadería la misma mañana del festejo y que, tradicionalmente, suele preceder a un fracaso.

Claro que también sucedió que el castaño tercero, precisamente el más terciado de los que salieron al ruedo y, por tanto, también protestado, no encontró una respuesta acorde a su brava entrega en la muleta de Roca Rey.

El joven peruano, que volvía a Las Ventas 48 horas después de abrir la Puerta Grande, no terminó de acoplarse con unas embestidas en las que el de Juan Pedro, por el pitón derecho, siempre mantuvo el hocico a ras de arena, con celo y continuidad, aun a pesar de la inadecuada apertura de faena por alto que le planteó Roca Rey.

Y es que más que la muleta plana y rígida, y una colocación sesgada para empalmar los pases, el toro pedía ser embarcado con suavidad y mando en los vuelos de la tela, lo que pocas veces aplicó el novel suramericano en un largo y desigual desfuerzo que intentó resolver con efectismos que no venían al caso.

Luego Roca no tuvo ocasión de desquitarse con el quinto, un sobrero mostrencón y venido abajo de José Luis Marca, igual que tampoco pudo Alejandro Talavante sacar nada en claro de su apagado lote de "juanpedros", a los que dio buen trato sin encontrar nada más que un vacío de raza.

Por su parte, el también extremeño Posada de Maravillas confirmó alternativa sin gloria, animoso con el toro de la ceremonia, que apenas tuvo fuerza en los cuartos traseros, y con un tercer sobrero de conde de Mayalde que se dejó su apuntada buena condición entre los tres puyazos que ordenó que le dieran el matador y el desastroso tercio de banderillas que protagonizó su cuadrilla.

Paco Aguado


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