Multas con final feliz en la calle Leganitos - MADRID ACTUAL

Multas con final feliz en la calle Leganitos

Multas con final feliz en la calle Leganitos
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Un final feliz es lo que ofrecen en los foros muchas de las 'peluquerías' orientales de la calle Leganitos, en la zona de Ópera. El ayuntamiento de Manuela Carmena ha querido hacer suya esa frase para amnistiar a residentes y no residentes de la zona que han visto como la ruina llamaba a su puerta.

Es posible que 9.700 multas en 30 días sea motivo, incluso, para optar al Guinness de los récords pero nadie en el Ayuntamiento de Madrid ha querido presentar el hito a ningún concurso. La calle Leganitos es un APR (Area de Prioridad Residencial) que en otros tiempos vivió plagada de luces de neón, clubes de alterne y bares donde las copas abrían todas las puertas. Una calle que vio como en 2009 un joven era degollado en uno de estos clubes por un altercado ahogado en copas de más. Todo, bajo la mirada inquisitoria de la comisaría de Policía más grande de Europa.

La calle Leganitos mide 350 metros y en pleno 2016 se dan cita menos clubes que antes, dos hoteles –Hotel El Coloso y Hotel Señorial-, decenas de tiendas regentadas por orientales y peluquerías con carteles ininteligibles donde lavar y cortar deriva en baño y masaje por unos euros más.

Nadie habla más de la cuenta, el silencio reina porque el argumento de aparcar en esa zona pesa más que los 90 euros de multa. Las rayas azules del SER limitan el bien del mal, el de aparcar para ir al 'chino' y comprar el pan o el de cruzar la oscuridad del Springbar y olvidarse del ticket.

Desde los hoteles afirman que cuando sus huéspedes entran con el coche en la zona para descargar maletas tienen la obligación de dar parte de la matrícula al ayuntamiento para que no sean multados.

Al final, un cartel mal puesto, poca información, ansia recaudatoria y silencio. La calle Leganitos se enciende cada noche a la vista de todos. La prioridad residencial se confunde en el permanente calor que despiden los secadores de pelo, los mismos silencian a los que una vez se adentraron -con su coche- en la ratonera de Carmena.

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