Las monjas quieren que Cervantes se quede - MADRID ACTUAL

Las monjas quieren que Cervantes se quede

Las monjas quieren que Cervantes se quede
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Cervantes ha aparecido, al menos sus huesos. El mundo entero se ha vuelto estos días hacia un humilde convento madrileño de monjas Trinitarias que admiten -sin necesidad de carbono 14- que ya sabían que el escritor estaba ahí y que ahora, al confirmarse, quieren que sus restos no se marchen de allí.

"La voluntad de don Miguel de Cervantes no fue irse a otro sitio, quiso quedarse aquí y aquí tendrá que estar". Así de claro ha manifestado su deseo sor Amada de Jesús, la madre superiora del convento donde se han encontrado los restos del literato.

A falta de que las autoridades se pronuncien al respecto sobre lo que se hará o se dejará de hacer con los huesos de Cervantes, la madre superiora sugiere que los restos "suban a la iglesia para que la gente los pueda ver".

Eso sí, pese a que ahora su convento se ha hecho famoso en el mundo y más que se hará si allí se queda finalmente Cervantes, la normalidad reina entre las monjas y así lo expresa la madre superiora.

"Que no nos vengan a pedir autógrafos porque no se los vamos a dar", comenta entre risas sor Amada de Jesús, días después de que el equipo de arqueólogos y forenses encabezado por Francisco Etxeberría concluyera su investigación con una conclusión: en la cripta descansan los restos de Cervantes y de otras 16 personas.

"¿Famosas? Nosotras no, nosotras no somos nadie, famoso era Cervantes", responde sor Amada, quien dice de sí misma que su autógrafo "no vale nada, a menos que don Miguel se lo mandara hacer, claro", bromea.

Ante la obligada pregunta de cómo respira la orden después del descubrimiento, sor Amada responde resuelta que "eso no ha sido ninguna novedad", ya que parece ser que en el interior de este convento de clausura nadie dudaba de que allí ordenó ser enterrado el manco de Lepanto.

"Ya estaba escrito en una partida de defunción en la parroquia de San Sebastián", justifica la madre superiora con una naturalidad que sorprende, al menos para cualquiera que no tuviera constancia de que en Madrid existiera dicho convento y mucho menos de que en su cripta descansara Cervantes.

Precisamente allí, en la cripta, se ha desarrollado durante meses una investigación impulsada por el Ayuntamiento de Madrid que ha desplazado a un equipo de más de 30 personas a las que la religiosa no duda a la hora de calificar como "discretas y muy educadas".

"Todo lo que diga de ellos se queda corto", exclama sor Amada, quien, pese a lo laborioso y dilatado en el tiempo de las labores de búsqueda, también recalca que la vida en el convento no ha variado ni un ápice.

"No se ha notado nada, como si no hubieran estado en casa", suscribe la madre superiora, quien aguarda paciente a que se tome una decisión acerca de los huesos de tan ilustre huésped.

Hasta entonces sólo podrán hacer una cosa, seguir igual que siempre, aunque hasta ahora parecen no haber notado las réplicas de un terremoto que ha llevado a su convento, que es su casa, hasta la cabecera de periódicos e informativos de todo el mundo desde que un día recibieron una carta que les notificaba que la investigación que ahora ha fructificado iba a comenzar.

"Sí, me acuerdo de que recibimos una carta, que era día 27, 28 o 30, pero no recuerdo exactamente de qué mes", explica sor Amada, quien se excusa, con un "es que tengo muchas cosas en la cabeza, pero vamos, que esto ya lleva más de un año eh", aclara.

Un año en el que aquel convento de la madrileña calle Lope de Vega -no podía ser otra- que parecía tan normal ha sido asediado a diario por periodistas que han difundido su imagen a todo el mundo y que ahora quedará para la historia como el lugar que ha dado cobijo a los restos de Miguel de Cervantes.

Por el momento, sólo esta humilde congregación y una puerta cerrada, la de la cripta, cuya llave guardan las hermanas, separa a Cervantes de la calle, del siglo XXI.

"¡Menuda responsabilidad!" resuelve sor Amada, quien sin embargo, tajante, confirma que ahí "está prohibido entrar" y que seguirán siendo "las guardianas de Cervantes", como lo han sido "desde hace cuatro siglos", dice con normalidad.

Ellas ya lo sabían, pero sólo ellas y es que los informativos, periódicos y agencias necesitaban esa confirmación que se acaba de producir.

Sor Amada, por su parte, continúa tranquila y es que, pese a que la sociedad ya ha descubierto su pequeño secreto, "la vida sigue igual", como ella dice.

Al menos todo lo que igual que puede seguir después de encontrar los restos de la figura máxima de la literatura española, Miguel de Cervantes Saavedra.

 

 

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