El Congreso, testigo de la Historia - MADRID ACTUAL

El Congreso, testigo de la Historia

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El Congreso, testigo de la Historia
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Pocos lugares como el Congreso de los Diputados -si acaso la Puerta del Sol- pueden enorgullecerse de estar casi siempre en el centro de la Historia de España, de ser el escenario de los grandes hitos sociales y políticos de los últimos tres siglos.

Y el año 2014 tampoco ha roto esa norma no escrita.

En un sólo año, el Congreso ha vivido dos acontecimientos poco comunes: la proclamación de un nuevo Rey de España, en la figura de Felipe VI, y el funeral de Estado de Adolfo Suárez, el presidente del Gobierno que alumbró la actual democracia parlamentaria.

No es de extrañar que el presidente de la Cámara Baja, Jesús Posada, se haya felicitado en público y en privado de haber tenido el honor de presidir la institución en esos dos momentos históricos, que se han vivido con plena normalidad democrática y sin grandes contratiempos, pese a la complejidad de la organización.

La muerte de Adolfo Suárez el pasado 23 de marzo convirtió el Congreso en el epicentro del duelo nacional, en lugar de peregrinación de miles de ciudadanos que quisieron rendir un último tributo al arquitecto de la Transición junto al rey Juan Carlos.

El adiós al primer presidente del Gobierno de la democracia reunió a la práctica totalidad del arco político, en una unanimidad prácticamente insólita para los usos y costumbres parlamentarios.

Tampoco faltó a la capilla ardiente el rey Juan Carlos, su gran aliado y apoyo en el camino hacia la democracia, que acompañó a los familiares en la despedida de Adolfo Suárez.

Pocos podían pensar aquellos días de marzo que apenas unos meses después, el 2 de junio, Juan Carlos I se haría a un lado y abdicaría la Corona en favor de su hijo el príncipe Felipe.

El Congreso, que ya fue escenario de su proclamación como Rey de España tras la muerte de Franco en noviembre de 1975, volvería a ser 39 años después testigo del relevo generacional en la monarquía española.

La renuncia de Juan Carlos I obligó a las Cortes Generales a aprobar en tiempo récord una ley orgánica de abdicación que diera sustento legal a la sucesión en la Corona.

PP y PSOE unieron sus votos y otorgaron una amplísima mayoría a la ley, que fue aprobada definitivamente en el Senado el 17 de junio, con el único rechazo de los partidos abiertamente republicanos, y la abstención de los nacionalistas moderados.

Al día siguiente, 18 de junio, la norma fue sancionada por el todavía rey Juan Carlos en una ceremonia solemne en el Palacio Real en presencia del futuro rey Felipe VI y su esposa, la reina Letizia, y las infantas Leonor y Sofía, además de altas instituciones del Estado.

Con la sanción real, el proceso de sucesión, iniciado el 2 de junio con la inesperada renuncia de Juan Carlos I, estaba llegando a su punto culminante.

El Congreso había iniciado los preparativos para la proclamación de Felipe VI semanas antes y, para que nada quedara al azar se celebraron reuniones prácticamente diarias de los servicios de protocolo de la propia Cámara Baja, el Gobierno y la Casa del Rey.

No se celebraba una ceremonia de esta trascendencia desde 1975, aunque hace 39 años la muerte del dictador y la premura del evento obligó a un acto sobrio, de luto riguroso.

En esta ocasión, la austeridad presupuestaria también impuso una contención del gasto, que en el caso del Congreso alcanzó los 132.000 euros.

La partida más importante -algo más de 55.000 euros- correspondió al desmontaje de la tribuna de la Presidencia del Congreso, lugar en el que se instaló la tarima en la que Felipe VI fue proclamado Rey.

En esa tarima se situaron sobre un almohadón el cetro y la corona, símbolos de la monarquía española y que se llevan utilizando desde la ceremonia de coronación de la reina Isabel II.

Sobre esa plataforma se situaron los nuevos reyes, sus hijas, Leonor y Sofía; el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; los del Congreso y el Senado, así como otros representantes institucionales.

A la ceremonia, a la que asistieron unos 600 diputados y senadores y todos los presidentes autonómicos, no acudió el rey Juan Carlos, para no restar protagonismo al nuevo monarca.

Sí lo hizo la madre del nuevo monarca, la reina Sofía y su hermana Elena, así como sus tías, las infantas Pilar y Margarita, además de familiares de la reina Letizia.

Ante las Cortes Generales, el nuevo rey pronunció un discurso repleto de mensajes de futuro y con un compromiso cargado de sentido en un momento de especial incertidumbre política: "Una monarquía renovada para un tiempo nuevo".

Un tiempo que se presenta incierto, especialmente en el panorama político e institucional.

En apenas un año, el Congreso que asistió a la proclamación de Felipe VI puede vivir un vuelco histórico, con el fin del bipartidismo nacido en la Transición y la irrupción de nuevas fuerzas como Podemos, que apuestan por un nuevo proceso constituyente, que renueve los cimientos del 78.

El Palacio de la Carrera de San Jerónimo, inaugurado por Isabel II en 1850, seguirá estando ahí aunque, por lo que adelantan las encuestas, con unos inquilinos bastante diferentes.

La Historia continúa.

 

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