Álvaro del Portillo y Madrid - MADRID ACTUAL


Álvaro del Portillo y Madrid

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Imagen: Álvaro del Portillo con compañeros de la ETS Ingenieros de Madrid (1937)

La vida de Álvaro del Portillo, uno de los madrileños universales nacidos en esta ciudad, está íntimamente relacionada con Madrid. Nació muy cerca de la calle de Alcalá y residió hasta su juventud en la calle Conde de Aranda, próxima a una de las iglesias más emblemáticas, por su estilo neobizantino: la de San Manuel y San Benito.

El Retiro fue el marco de sus juegos infantiles, y más tarde, de sus idas y venidas hasta la Escuela de Ayudantes y la de Ingenieros, situada en un extremo del parque, cerca ya de la Estación de Atocha.

Conoció bien la realidad madrileña de los comienzos de los años 30, por las visitas frecuentes que realizaba a las familias pobres y necesitadas del arroyo del Abroñigal, soterrado ahora bajo la calle M30. Aunque las cifras oficiales de la población madrileña eran menores, como avisaba la Guía de la Ciudad de 1928, era "creencia general que la población efectiva se acerca a un millón de almas". Madrid estaba rodeado un triste cinturón de pobreza, compuesto por chabolas, casas bajas sin servicios de ningún tipo, e infraviviendas en las que vivían miles de personas sin accesos, sin agua, sin luz y sin condiciones higiénicas.

A ayudar a estas personas dedicó Álvaro del Portillo muchas horas de su juventud, en un periodo en el que no le sobraba el tiempo, porque estudiaba la carrera de Ayudante de Obras Públicas para ayudar económicamente a su familia y poder pagar su matrícula en la Escuela de Ingeniería.

En 1934, cuando caminaba con un amigo para ayudar a las familias que vivían en esos poblados de chabolas, entre unos campos de cebada que se convirtieron con el paso de los años en el barrio de la Estrella, oyó hablar por vez primera del Opus Dei, y de San Josemaría Escrivá.

Álvaro del Portillo residió en Madrid hasta 1946, y regresó a nuestra ciudad en numerosas ocasiones. Impulsó en Madrid, como en tantos lugares del mundo, numerosas iniciativas de solidaridad y de revitalización de la vida cristiana: bancos de alimentos, centros para atender a las personas ancianas y solas, para la promoción de la mujer trabajadora, etc. Al final de su vida tuvo encuentros de evangelización en diversos barrios de la ciudad, como el de Vallecas, a los que acudieron decenas de miles de personas.

El 27 de septiembre será beatificado en Valdebebas, una zona de Madrid que albergaba durante los años cincuenta un gran poblado de chabolas. En aquel tiempo varias mujeres del Opus Dei con sus amigas -algunas de ellas no católicas- pusieron en marcha, con el aliento de san Josemaría y del próximo beato Álvaro del Portillo, un dispensario médico junto con actividades de formación espiritual, solidaridad y beneficencia.

La huella de Álvaro del Portillo –una huella de amor a Dios, de santidad y de desvelo por los demás- se ha dejado sentir en los cinco continentes, como pone de relieve su beatificación en la que estarán presentes personas de mas de 80 países y numerosos obispos, muchos de ellos provenientes de naciones pobres o en vías de desarrollo. Esas personas acuden como muestra de gratitud por su trabajo evangelizador y de impulso de la solidaridad y la promoción social.

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