El Museo Sorolla expone una muestra con 66 obras del artista - MADRID ACTUAL

El Museo Sorolla expone una muestra con 66 obras del artista

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El Museo Sorolla expone una muestra con 66 obras del artista
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Joaquín Sorolla hizo de la pintura al aire libre su religión, siempre con prisa porque el espectáculo de la naturaleza está en constante movimiento, especialmente en el mar, cuyos colores investigó durante toda su vida en una mirada que recoge la exposición "Sorolla. El color del mar".

El secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, ha inaugurado en el Museo Sorolla, antigua casa del artista en Madrid, la exposición que reúne 66 obras de fondos propios de esta pinacoteca estatal sobre el tema que dio más fama al pintor valenciano, la pintura del mar.

La directora del Museo y comisaria de la exposición, Consuelo Luca de Tena, ha explicado que Sorolla era "un gran admirador de la naturaleza, que era para él un gran espectáculo y no hay ninguno más amplio que el mar".

El gozo espontáneo de la naturaleza de su primera infancia en Valencia quedó en su interior y la añoranza de aquellas playas estuvo presente en sus cuadros, ha indicado la comisaria, que ha asegurado que pese a que pintó mucho el mar Cantábrico ya que veraneaba en San Sebastián, a Sorolla le gustaba el "sol violento" del Mediterráneo.

Porque era un pintor que trabajaba a pie de playa durante horas, al sol, sin importarle en absoluto la intensidad y el calor del verano mediterráneo, y con un minúsculo sombrero como toda protección, relata Luca de Tena.

La comisaria ha recordado, en este sentido, cómo se refería al artista el escritor Vicente Blasco Ibáñez, que le describía como un "valeroso soldado de la pintura que, como si fuera una salamandra, se pasa el día entero entre la arena que vomita llamas".

Algunas fotos que acompañan la exposición documentan esta forma de trabajar del pintor, metido en el agua sobre unas tablillas de madera.

Una exposición dividida en tres

La exposición se desarrolla en tres apartados bajo los epígrafes de "El espectáculo incesante", "Las horas del azul" y "De la naturaleza a la pintura", según ha señalado el comisario adjunto de la muestra, José Manuel Pascual.

Muestra de sus principios es el cuadro "Marina" que pintó en 1880 cuando tenía 18 años. Una composición panorámica y paisajística inspirada en una tradición que pronto rechaza: "Sorolla se sienta a pie de playa y empieza a investigar el movimiento del mar y su relación con el espacio, las olas..", ha indicado Pascual.

En la exposición se pueden ver también pequeñas tablillas fácilmente transportables en las que Sorolla tomaba sus apuntes y que reflejan sus métodos de trabajo, una especie de "notas" que tienen, no obstante, la composición de un cuadro completo.

Muy crítico con los impresionistas de la época, Sorolla va incorporando, sin embargo, las vanguardias a su pintura y a su investigación, como se reconoce en "Barcas en Pasajes", aunque nunca dejó de ser un pintor ligado a la tradición y al naturalismo, en una especie de "clasicismo renovado", según el comisario adjunto.

En la exposición puede verse "lo que más satisfacía" a Sorolla, la luz intensa de la playa del Cabañal, como puede comprobarse en "Saliendo del baño" o "La hora del baño", dos de los cuadros que reflejan la luz del sol vertical del mediodía mediterráneo.

Pero también disfrutaba del verde esmeralda brillante del mar de Jávea que aparece en "Nadadores", según relata en las cartas que escribe a su mujer, que se encontraba en Madrid.

El tratamiento de los reflejos en el agua que hace Sorolla tiene su máxima representación en "El balandrito", uno de los más populares del pintor, que realizó en 1909 y donde la pincelada se carga de color.

En las playas del norte Sorolla encuentra una luz más tenue, donde las mareas al retirarse dejan la arena convertida en un espejo, así como los contraluces en los que las figuras pierden volúmenes. Así se aprecia en "María en la playa de Biarritz", cuadro en el que el reflejo de la luz del atardecer compite con la figura.

"Tengo un hambre por pintar como nunca he sentido, me lo trago, me desbordo, es ya una locura", confiesa a su mujer este pintor que persiguió de forma incesante los fugitivos efectos de la luz sobre el mar.

 

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